Presentación Apostólica en la Iglesia de la colonia México, en Tehuacán, Puebla

(Coordinación de Crónica Apostólica).– El viernes 20 de mayo, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, visitó la Iglesia de la colonia México, ubicada en la calle 23 Poniente, en Tehuacán, Puebla.

Procedente de Amozoc, de donde salió a las 2:40 de la tarde –luego de supervisar personalmente los cursos de capacitación ministerial–, en su trayecto a Tehuacán, Puebla, saludó a distintos grupos de hermanos que lo esperaban apostados en la carretera federal Puebla-Tehuacán, entre quienes destacó la Iglesia de la colonia Las Palmas, quienes le saludaron desde el monumento del Club Rotario local, siendo correspondidos por el insigne visitante.

El reloj marcaba las 3:59 de la tarde cuando el Apóstol de Jesucristo arribó a la Casa de Oración. Acompañado de los hermanos D.E. Atlai Joaquín, P.E. Benjamín Chávez, P.E. Gilberto García, P.E. Felipe Medina, P.E. Alejandro Medina y P.E. Rafael Alcides Pérez, el Siervo de Dios bajó de su vehículo y encaminó sus pasos al majestuoso templo, consagrado el 22 de mayo de 2010. A su paso, los hermanos le saludaban con júbilo: en sus rostros se esbozaba halito de gozo, satisfacción, contentamiento…

El coro de niños, uniformado impecablemente con los colores azul rey y blanco, en armonía con la moderna Casa de Oración, entonaban una alabanza. De sus mejillas, al igual que acontecía con los demás hermanos tehuacanenses, brotaban lágrimas y expresiones de algarabía espiritual. No era para menos: entre ellos se encontraba el Excelentísimo Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García. “El manto de la Elección nos ha tocado”, se leía en una pancarta que en su parte inferior se estampaban las 53 banderas de los países en donde la Iglesia La Luz del Mundo tiene presencia.

“Si crees que tu hermano es Siervo de Dios, recibirás bendición de Dios”

En el área ministerial, el Apóstol del Señor dirigió un breve mensaje y expresó un saludo a la Iglesia de Tehuacán:

“Seguro se halla en el aprisco. A todas las iglesias que su hermano ha ido en estos días –aunque no han sido muchas–, para mí es de suma importancia visitarlas físicamente, mientras mi cuerpo me lo permita, porque en mi corazón y en mi mente todas las iglesias están presentes y la bendición de Dios en cada una de ellas.

“Como lo he dicho en otras iglesias, hoy también lo quiero aquí recalcar: no es la comida la que me mueve a venir a este lugar. ¡No! Ese es un pretexto. Una ocasión le dijo Isaac a uno de sus hijos: ‘Sal al campo y tráeme caza; y hazme un guisado como a mí me gusta, y tráemelo, y comeré, para que yo te bendiga…’ (Génesis 27:3-4).

“No era que Isaac no tuviera que cocinar, ni que careciera de comida: él era un hombre que tenía bendición, sirvientes, criados… y que sin duda tenía quien le preparara un alimento.

“Lo que Isaac quería era bendecir a su hijo, por eso le dice: tráeme un animalito y cocínamelo para que luego yo te bendiga. Yo también busqué el pretexto de la comida y le dije a vuestro encargado: quiero ir a comer. ¿Porque no tengo que comer? ¿Porque no tengo a donde ir a degustar un platillo? No, porque quería venir a bendecirte. Son ustedes los hijos que Dios me ha dado.

“Dios te prospere más y más en esta ciudad de Tehuacán. En este momento doblo mis rodillas para pedir a al Señor que cumpla su Palabra en vosotros”. La oración que el Apóstol y la iglesia de Tehuacán elevaron al Creador se transformó en segundos en un avivamiento espiritual. Aún los niños y las visitas experimentaron la bendición divina.

Al concluir su plegaria al Creador, el Apóstol de Jesucristo se despidió de la Iglesia con las siguientes palabras: “Quiero que cada uno de vosotros sean portadores de mis palabras: ‘No es que la bendición sea solamente para ti, hermano de Tehuacán, sino que tú, así como los hermanos de Clavijero, de Zacapoaxtla, de la 21 Oriente y de la colonia Revolución Mexicana (ciudad de Puebla) –en donde estuve hace nueve meses–. ¡No!

La bendición no es exclusivamente para una Iglesia: mi palabra va dirigida a todo el estado de Puebla. Si crees que tu hermano es Siervo de Dios recibirás bendición de Dios y bonanza para este hermoso estado. La paz de Dios quede con ustedes”.

Al bajar el Apóstol de Jesucristo del área ministerial, en el interior del templo se escuchan ríos de agua viva. La estela de bendición que deja el hombre de Dios se experimenta en las hermanas y hermanos de Tehuacán, uno de los 217 municipios que conforman al estado de Puebla.
Antes de pasar a la casa pastoral a participar de los alimentos, el Siervo de Dios toma sus brazos en su pecho y envía un ósculo de amor a sus hijos en la fe. Enseguida, los hermanos –en compañía de las visitas que han asistido a esta histórica presentación–, caen en bendición.

A las 3:59 de la tarde, el insigne invitado se despide del hermano D.E. Héctor Meléndez –ministro de iglesia de la colonia México–, y de sus hijos espirituales en esta localidad.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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