El Apóstol de Jesucristo ordena a más de 300 obreros en Houston, Texas — Berea Internacional

diciembre 1, 2016
(Coordinación de Crónica Apostólica) — Nombrada por el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquin García, la «Aldea de Betania», la Iglesia de Houston, Texas, fue la sede del Congreso Internacional de Misioneros en los Estados Unidos, que tuvo lugar los días 24, 25 y 26 de noviembre.
Estados Unidos y Canadá, destino de los nuevos misioneros

(Coordinación de Crónica Apostólica) — Nombrada por el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquin García, la «Aldea de Betania», la Iglesia de Houston, Texas, fue la sede del Congreso Internacional de Misioneros en los Estados Unidos, que tuvo lugar los días 24, 25 y 26 de noviembre.

Procedentes de diferentes estados del país, centenares de jóvenes y matrimonos se dieron cita en el templo de la Iglesia La Luz del Mundo, ubicado en 8312 Eastex Fwy, en Hosuton. En este recinto tuvieron verificativo los cursos de capacitación para los aspirantes a la Obra espiritual. Además de los asistentes, quienes atendieron con diligencia el llamado del Apóstol de Jesucristo a sumarse a su proyecto de evangelización, diversos pastores expusieron temas relacionados con la identidad, el carácter y la formación que deben forjarse en el obrero cristiano, además de compartir con los nóveles misioneros numerosos testimonios y experiencias.

Cabe recordar que el pasado 13 de noviembre, como respuesta a la invitación apostólica dirigida a los hermanos de la República Mexicana para salir a la Obra, el Apóstol del Señor ordenó como misioneros a 718 jóvenes y 350 matrimonios en Amozoc, Puebla, a quienes envío a diversas ciudades de México y Belice donde aún no tiene presencia la Iglesia del Señor. En este contexto, el Congreso Internacional de Misioneros, que en Estados Unidos se celebra en Houston, tiene lugar de manera simultánea en los siete países de Centroamérica y los doce países de Sudamérica. En todos los casos, de estas históricas convocaciones continúan saliendo los miles de batallones que sembrarán la semilla del Evangelio de Cristo —la Palabra del amor— no solo en el Continente Americano sino en el mundo entero.

 

Salutación apostólica

El sábado 26 de noviembre, mientras se desarrollaba uno de los temas de capacitación, el Apóstol de Jesucristo ingresó al recinto sagrado. El reloj marcaba las 6:17 de la tarde.

Acompañado por los hermanos P.E. Uzziel Joaquín y P.E. Antonio Gaona, el insigne maestro caminó por el pasillo central del templo en dirección a su ministerio. Esta presentación avivó el entusiasmo espiritual de los presentes, quienes se gozaron sobremanera por esta singular bendición: contemplar al Apóstol del Señor y escuchar el mensaje que en breve dirigiría a cada uno de ellos.

El pletórico recinto, que sobrepasó su cupo ordinario por la numerosa asistencia de aspirantes a la Obra, dio una cálida y emotiva bienvenida al Apóstol Naasón Joaquín, quien, al llegar al encontrarse en el área ministerial, dobló sus rodillas y elevó su plegaria al Creador, la cual fue secundada por los nóveles misioneros. La ferviente oración, que cimbró simbólicamente las columnas del templo, no fue menor que el día del Pentecostés. El Embajador de Jesucristo se encontraba en ese recinto sagrado.

 

Sencillez y humildad: virtudes que identifican al auténtico misionero

Al término de la oración y del saludo a los misioneros, el Siervo de Dios inició su mensaje. Los hermanos que en su fe, amor, reconocimiento y resolución, aceptaron la invitación apostólica de integrarse a los batallones espirituales como misioneros evangelistas, esperaban atentos la palabra apostólica.

En primer lugar, el Apóstol del Señor destacó que él deseaba agregar a los consejos impartidos por los pastores una palabra de confianza: «…van con la autoridad de un Siervo de Dios. ¡No tengan temor! Pero además de la autoridad, van con una responsabilidad que yo deposito en ustedes, para que esta sea la que los motive a trabajar con mayor sencillez y humildad.

«En el recorrido que hago en mis giras, camino por las calles de las ciudades y contemplo que, aunque la Iglesia ha crecido y prosperado, aún no ha llegado a todas las naciones para que la Palabra de Dios sea notoria por todo el mundo».

Recordó que la promesa que Dios le dio a su Apóstol Aarón Joaquín —como el hombre que el Señor había elegido para la Restauración de su santa Iglesia en esta época de dispensación—, fue que este nombre «lo haría notorio por todo el mundo». No dijo que llegaría solamente a todo el mundo; dijo que lo ¡haría notorio! Esto quiere decir —comentó— «que no solamente llegará a todo el mundo, sino que el nombre de la Elección tiene que hacerse notorio».

En su emotivo mensaje, recordó el momento en que Dios lo llamó al apostolado la mañana del 8 de diciembre de 2014: «Dios, al igual que lo hizo con el Apóstol Samuel Joaquín, me llamó y me hizo una promesa (…). Como hombre tenía temor de que la Iglesia no fuera a escuchar mi voz o no creyera en mi palabra; pero el Señor me dijo: ‘Honra el cuerpo de mi Siervo Samuel y el próximo domingo te levantarás al Pueblo’ (…), yo abriré su corazón y, aún, el del Cuerpo Ministerial como un solo hombre y haré la obra perfecta…’.

«Yo vi el cumplimiento de esta promesa el mismo día 14 de diciembre, cuando los hermanos, motivados por el Espíritu de Dios, porque no pudo una persona o un sueño haber convertido el corazón de toda la Iglesia —y no me refiero solamente a los que estaban presentes, sino más aún a los que estaban ausentes—, expresaron gozo y júbilo, que fue notorio en todo el mundo. Y en ese momento comprendí que Dios realmente había cumplido su primera promesa: ‘Yo moveré el corazón de ellos como un solo hombre. Y el Señor me hizo otra promesa: ‘Naasón, ¡Tú estarás al frente de este grande Pueblo, y si hoy lo ves grande, yo lo voy a multiplicar aún mucho más!’».

Recordó que aquella mañana, al no tener la experiencia previa de escuchar la voz de Dios y de platicar con Él —bendición exclusiva de los Siervos de Dios—, se dijo a si mismo: «¡Y cómo Dios va a inundar el mundo si todavía hay muchos países en los que no se ha escuchado este mensaje! Aunque la Iglesia es grande, ¿cómo hará el Señor para que yo cumpla la Palabra que Él me ha dado?».

En este tenor, agregó: «Ustedes son testigos que la invitación que hice no fue dirigida solamente a los jóvenes o a los matrimonios, quienes habéis atendieron a mi voz, sino a toda la Iglesia en general: ancianos, jóvenes y los niños, quienes se han unido a esta campaña de evangelización. Hemos visto que en estos dos años no son cientos de almas, sino miles las que alrededor del mundo han echado mano a la vida eterna».

 

La mies es mucha: los obreros son pocos

«La necesidad de inundar el mundo con el Evangelio, ha hecho que su hermano, a semejanza del Señor Jesucristo —que mora en su hermano—, sienta tristeza al contemplar que los campos ya están listos para la siega y, como expresaba mi Maestro: ‘A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos’ (Mateo 9: 37).

«El Señor Jesucristo, entonces, está demandando obreros, no hermanos que vayan a cuidar las iglesias o que busquen comodidades y beneficios particulares. Yo no quiero obreros negligentes o flojos que no tengan el sentir y deseo de trabajar. Lamentablemente, algunos de los que ya están administrando —o trabajando como obreros— no me han dado el resultado que yo esperaba de ellos, porque lo que espera un Hombre de Dios de un obrero no es que viva cómodamente o reciba beneficios materiales de la Iglesia; lo que yo espero de ellos es que sean trabajadores en la Viña del Señor».

«Veo a las multitudes y las oigo gemir con grande aflicción, deseando que llegue la Iglesia del Señor a sus lugares. Es por ello que no quiero obreros engreídos o prepotentes. Deseo que en lugar de decir: ‘Yo traigo la autoridad de un Siervo de Dios’, digan: ‘Yo traigo la responsabilidad de un Siervo de Dios’. ¿Qué significa esto?, que aquel hermano será responsable de cuidar las almas y ver en todo por ellas; que con su ejemplo, su vida y su trabajo den testimonio y se conviertan en cartas abiertas, para que el mundo vea en ustedes lo que es realmente la Elección de Dios».

«Yo necesito obreros que trabajen en la viña de mi Padre, porque en ella hay mucho trabajo. La viña de mi Padre no es un hotel de descanso o un spa vacacional. ¡No! ¡Necesito obreros y obreras con la responsabilidad y mentalidad de ir a rescatar a las almas que están gimiendo en grande aflicción».

El Siervo de Dios recordó la reunión que el pasado 13 de noviembre sostuvo con más de 700 jóvenes y 300 matrimonios de México, en el Ecosantuario de Amozoc, Puebla, de quienes alabó su fe, convicción y decisión al atender la invitación apostólica de sumarse a los batallones espirituales. «Ellos, con sus palabras, hechos, actitudes y gozo me dijeron: ‘¡A donde usted nos mande a levantar la Obra! !Aquí estamos!’».

Y agregó: «Dios me está dando las herramientas para cumplir la promesa que Él ha dado (…). Habrá quien diga ‘¿Y con esos jóvenes y matrimonios, quienes a veces ni salían a la obra en sus lugares, piensan conquistar al mundo? Yo les respondo: ¡Sí, con ellos voy a inundar al mundo del Evangelio! Mi confianza no está puesta en ti: mi confianza está puesta en Dios, y mi oración se eleva a los cielos para decirle: ‘Señor, demuestra al mundo que en estos pequeños está tu fortaleza. La Iglesia es un campo de batalla hermoso, tus hijos son valientes guerreros. No hay temor ni miedo de enfrentarse al enemigo. La gente se burla y dice: ‘Tú vienes a mí con piedras…’, y yo los veo y digo: ‘Yo voy en el nombre de Jehová’. ¡Tú eres mi piedra, hermano joven y señorita!, y con esas piedras pondré mi nombre espiritual y el mundo verá que ese gigante caerá. Solamente espero de ustedes sinceridad, honestidad y humildad para que cumplan lo que su hermano los está pidiendo».

 

«Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a si mismo, tome su cruz cada día y sígame»: requisito necesario para ser misionero

En la segunda parte de su mensaje, el Apóstol Naasón Joaquín invitó a los jóvenes y matrimonios aspirantes a la Obra de Estados Unidos, a analizar los requisitos que el Señor Jesucristo establece para todo aquel que desea servir al Señor: «Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a si mismo, tome su cruz cada día y sígame» (Lucas 9:23).
Sobre el pasaje anterior, dijo, el Señor pide tres requisitos indispensables para poder servirle:

a) «Querer servir». En este paso, el Siervo de Dios destacó que el querer es el primer requisito para ser obrero. Recordó que entre los convocados a la ciudad de Houston, ninguno ha venido en contra de su voluntad, sea porque su familia o su ministro lo hayan obligado. Si bien la invitación fue abierta a toda la juventud de la Iglesia en Estados Unidos, solamente asistieron quienes han querido abrazar esta oportunidad única: servir en la Obra del Señor. Trajo a la memoria la bendición de evangelizar a las almas: «Sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados» (Santiago 5:20).

b) «El negamiento. ¿Qué significa negarnos a nosotros mismos? El que se niega a sí mismo, renuncia a su propio futuro e intereses personales y lo pone en las manos de Dios, en su servicio. Eso es negarse a sí mismo. Dijo Jesucristo a quienes desean servir al Señor: ‘No os hagáis tesoros en la tierra (…), sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde los ladrones no minan ni hurtan. porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón’ (Mateo 6: 19-21). Al término de nuestra vida todo lo material que hayamos acumulado aquí se va a quedar. No podremos llevarnos nada; sin embargo, los tesoros que hagamos en el cielo eso sí los podremos disfrutar por toda la eternidad.

«Al negarnos a nosotros mismos, haciendo a un lado nuestros intereses y proyectos, alguno preguntará: ¿Y a qué nos vamos a dedicar? A los intereses de nuestro Dios: ‘Al Señor yo le quiero servir’, expresamos en un canto. A partir de este momento dedicarás tu tiempo y tu vida a Dios. Te preguntarás: ‘¿Qué voy a comer? ¿Dónde voy a vivir?’ La Palabra de Dios nos enseña que no debemos preocuparnos por nuestra familia ni simiente: ‘Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan’ (Salmo 37: 25). El Señor provee y proveerá siempre. Has escuchado los hermosos testimonios de los ministros que te han hablado.

«No seremos nosotros quienes busquemos forjarnos un destino: este día ponemos nuestro destino en las manos de Dios. Recuerdo que cuando durmió el Apóstol de Jesucristo Samuel Joaquín, yo tenía también mis planes: una realización como persona; sin embargo, fui seducido por la Palabra de Dios cuando Él me dijo: ¡Tu destino soy yo! Y ahora digo: ‘Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado vivir’ (Salmos 16:6). Por último, déjame decirte, como dice una de nuestras alabanzas, ‘Placer verdadero es servir al Señor. No hay obra más noble ni paga mejor’.

c) «Tomar nuestra cruz cada día. La cruz que tiene el Señor para nosotros es para toda la vida. Hay quienes piensan que ese sufrimiento solo se experimenta una vez y posteriormente desaparece; sin embargo, no es así. Tomar la cruz es llevar el trabajo de nuestro señor Jesucristo, es vivir esperando lo que Dios tenga para nosotros: es perseverar en el bien hacer (v. Romanos 2: 7-9), dejando siempre el buen testimonio. ¿Cuánto tiempo vamos a llevar esa Cruz? Toda nuestra vida, porque mi destino yo lo he puesto a la disposición de Dios».

 

Los aspirantes a misioneros reciben un ascenso espiritual: el Apóstol de Jesucristo los dignifica con el grado obreros evangelistas

Antes de despedirse de los nóveles misioneros, el Apóstol de Dios expresó: «Yo vengo a verlos con mucha alegría porque estoy con aquellos que han querido, se han negado a sí mismos y están dispuestos a tomar la cruz del Señor todos los días de su vida —aquellos que no se van a rendir porque vino una prueba.

«Al igual que les dije a los jóvenes y matrimonios en Amozoc, ustedes han venido a esta ciudad como aspirantes a la Obra del Señor, pero este día quiero darles un ascenso espiritual que es muy digno delante de Dios y de la Iglesia: serán obreros de la Iglesia del Señor. Ahora no sólo dirán que son miembros; dirán además, con orgullo y satisfacción: ‘Somos compañeros del Apóstol de Jesucristo en la evangelización’. Hoy os envío como obreros misioneros para que vayáis, con toda la facultad a predicar a las gentes que en la tierra hay un Apóstol de Jesucristo».

Después de esta histórica ordenación, el insigne maestro invitó a los presentes a cantar la alabanza «Nada sé sobre el futuro», instándolos a reflexionar en cada frase: «Nada sé sobre el futuro. Desconozco lo que habrá. Es probable que las nubes mi luz vengan a opacar; nada temo del futuro, pues Jesús conmigo está. Yo le sigo decidido, pues Él sabe lo que habrá (…). Más ligeras son mis cargas cuando voy con mi Señor (…). Si Él cuida de las aves, Él también me cuidará, y al andar por mi camino, en la prueba o tempestad sé que Cristo irá conmigo, sé que guarda su bondad (…). Muchas cosas no comprendo, del mañana con su afán. Más a un dulce amigo tengo, que mi mano sostendrá…».

En relación con las frases precedentes, el Apóstol del Señor expresó: «Quiero que tengáis esta seguridad. Sin duda, habrá algún pensamiento que el enemigo querrá sembrar en ustedes: se acercarán el familiar, el amigo o el hermano que no tienen esta fe y te dirán: ‘¿Y qué va a ser de tu futuro? Y yo te digo: en nuestro futuro no hay mejor destino que poner nuestras vidas en las manos de Dios: nunca nos faltará nada, aunque andemos en valle de sombra y de muerte».

Agregó que aunque los nuevos misioneros no llegarán a iglesias prósperas, sino a levantar obra en ciudades donde aún no se ha predicado la Palabra de Dios, hicieran propias las estrofas de la alabanza en comento y las grabaran en sus corazones: «Cada vez que te sientas triste, sólo o en prueba recuerda que tu futuro con Dios y en Dios siempre estará seguro».

 

Despedida

A las 6:50 de la tarde, luego de haber cantado el citado himno, el Apóstol de Jesucristo invitó a los presentes a elevar una plegaria al Creador. En ese instante, los colaboradores recién ordenados —matrimonios y jóvenes— pusieron en las manos de Dios sus destinos en esta empresa espiritual. Los nuevos batallones, como un solo hombre, se fusionaron en una ferviente oración. El majestuoso templo —arquetipo de recinto religioso en el condado de Harris y el estado de Texas—, simbólicamente se cimbró: la iglesia experimentó una sublime bendición que trajo confortación y confianza a los presentes. En pocas horas, los nóveles misioneros serían notificados sobre la ciudad a la que serían asignados.

Al término de su plegaria, el Apóstol Naasón Joaquín dirigió sus últimas palabras los a sus nuevos colaboradores: «Cristo va estar con vosotros…». Los jóvenes y matrimonios glorificaban a Dios y a su hijo Jesucristo, mientras, anegados de lágrimas que rodaban por sus mejillas y con expresiones de gratitud, regocijo, confianza y gozo sin par, levantaban sus brazos con su mano empuñada.

«A semejanza de los discípulos del maestro de Galilea, arrojen las redes al mar. La palabra que lleva tiene facultad», afirmó enfático. Y agregó: «Hermanos: ¿en verdad creen que su Hermano Naasón es un Apóstol de Jesucristo?». La respuesta de los misioneros —estentórea, unánime, firme, resolutiva— fue categórica: «¡Amén!». Enseguida, el Apóstol del Señor expresó: «Entonces, yo les digo: ‘Echen las redes y que Dios se encargue de demostrarlo: veréis cómo las almas van a venir al camino del Señor.

«Ahora sí, con toda libertad te digo: ¡Has sido ordenado por un Apóstol de Jesucristo! Las ciudades y los pueblos donde no hay Iglesia, dentro de poco tiempo vendrán con sus gavillas llenas (v. Salmos 126:6), y dirán: ‘Aquí se ha predicado el Evangelio de Cristo’».

Por último, invitó a cantar el himno n. 529, «Soy yo soldado de Jesús». Inflamados de valor y con el deseo de servir a Dios, los batallones espirituales entonaron la alabanza-insignia del ministerio apostólico contemporáneo. A las 7:09 de la noche, hora local de Houston, el Apóstol de Jesucristo descendió de su ministerio. A pocos metros de distancia se detuvo por unos instantes, levantó su brazo derecho y empuñó su mano. «Dios los bendiga, valientes. No estáis solos», fue la frase que se escuchó a la distancia.

Desde el estrado en comento, el Apóstol de Jesucristo abrazó simbólicamente a sus batallones espirituales de los Estados Unidos, quienes más temprano que tarde harán notorio el nombre de la Elección en siete estados de la unión americana —Maine, Montana, New Hampshire, South Dakota, Vermont, West Virginia y Connecticut— y en algunas provincias de Canadá.

La «Aldea de Betania», en esta histórica fecha, fue testigo de este singular acontecimiento. Se escribió en esta ciudad estadounidense un capítulo más de la historia del apostolado contemporáneo, el de Naasón Joaquín García, Siervo de Dios y Apóstol de Jesucristo por la gracia de Dios.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.