Presentación Apostólica en Oaxaca, Oaxaca

(Coordinación de Crónica Apostólica) — La cita se dio a las 10 de la mañana, bajo una enorme carpa blanca que no dio abasto para cubrir a todos los presentes, en el centro del enorme terreno de este deportivo. Acompañados de los coros de El Salvador, Centro América; Oaxaca capital y el de la iglesia de Palomares, quienes iban con sus trajes típicos y cantando en dialecto mixteco. También había hermanas vestidas con los variados trajes típicos de todas las etnias que habitan el estado.

Comenzó la ceremonia el P.E. Nicolás Gómez, invitando a dar la gloria a Dios por ese día tan esperado por los hermanos. El Apóstol de Jesucristo hizo su entrada a las 10:40, cientos de globos blancos y dorados fueron lanzados al aire mientras entonaban el himno Hosanna, Hosanna. Sus lágrimas se desbordaban y no dejaban de glorificar a Dios mientras su Ungido caminaba por la pasarela central. A los lados iban los pastores que vienen acompañándolo desde el inicio de su gira.

Después de la oración para presentar delante de Dios aquél bello encuentro, los hermanos comenzaron a entonar su alabanza de bienvenida: Estamos gozosos en este lugar….hoy sea bienvenido Apóstol de Dios… ¡Gloria a Dios! Cantaron levantando sus manos empuñadas. El D.E. Daniel Estrada, ministro local en Oaxaca, le dirigió unas palabras a nombre de todo el estado, exponiéndole el enorme deseo que tenían de verle, ofreciendo sus corazones para que habitara en ellos.

 

Salutación apostólica

“Engrandece mi alma al Señor porque me permite llegar hasta vosotros… en mi corazón se desborda la alegría espiritual que mis labios se abren para decirles: hermanos míos, amados, deseados, gozo y corona mía, la paz de Dios repose en vuestros corazones y la gracia de Jesucristo abra vuestros ojos espirituales para contemplar las riquezas espirituales que Dios tiene para vosotros”.

La efervescente alegría se escuchó en el hermoso amen que contestaron todos. Dijo el Siervo de Dios que había sido solicitado por las oraciones de los hermanos, y por la dirección divina estaba con ellos para preguntarles cómo estaban, cómo se encontraba su fe, que en una forma simbólica extendía sus brazos para abarcarlos en la Gracia de Dios. Expresó con admiración las palabras que Salomón expresa en el cantar de los cantares ¿Quiénes esta que se muestra como el alba, hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejércitos en orden?… ¡Eres tú, iglesia del Señor!

Luego invitó a darle la adoración a Dios, como ha sido la enseñanza apostólica, con la alabanza número 263 Hosanna al rey de la gloria.

 

Unidos en Cristo Jesús

El Apóstol de Dios llamo a esa reunión un encuentro, pero no en lo físico, porque en lo material muchos de ellos no lo conocían; más que eso era un reconocimiento, y en la alegría con que lo ven lo reconocen como un padre en la fe. Porque dijo que hay muchos que no lo ven así, como en tiempos de Cristo, no todos los que le seguían creyeron en su palabra a pesar de haber sido testigos oculares de muchas de sus maravillas; aun así, en su soberbia llegaron a pedir señal. Semejante al tiempo del Apóstol Pablo, pero recordó que la escritura manifiesta que aquellos que estaban ordenados para vida eterna, esos fueron los que se alegraron, no así los opositores; aquellos que buscan minimizar la obra de Dios. En tiempos del Apóstol Aarón, los hubo, ¿dónde están ahora esos que se dividieron diciendo que el Siervo de Dios ya no era guiado por el Espíritu del Señor? Abandonados, colgándose de la historia de la iglesia y del hermano Aarón. En tiempos del Apóstol Samuel también hubo quien lo juzgó…. Pero para aquellos que abrieron su corazón, hubo felicidad, porque sintieron el mismo consuelo, la misma doctrina, el mismo cobijo. Hoy la obra perfecta está confirmada, no por el número o la cantidad de hermanos sino en los corazones, lo que hizo exclamar al Apóstol de Jesucristo: ¡Cuán hermosas son tus tiendas, o Jacob!

 

Mensaje para la iglesia

Dejó un consejo para los hermanos, una responsabilidad que debemos cumplir, dijo, deseando que su palabra fuera una espada de dos filos que penetrara hasta el fondo del corazón y que produzca un compromiso y un actuar en la iglesia. Citó la 2° de Crónicas 20:20 Creed en Jehová vuestro Dios y estaréis seguros, confiad en sus profetas y seréis prosperados.

Creer es obedecer, poner por obra la palabra de Dios, seguir el ejemplo de los Siervos de Dios, imitar la fe de los Enviados. Por ello quiso poner la historia de Israel como comparativo actual. Israel recibió la orden de cruzar el Jordán, ¿por qué? Porque ese río representaba el límite entre las dificultades que dejaron atrás (el desierto, la esclavitud, el peregrinar) y el principio de una nueva etapa en la tierra prometida. El origen y principio de una nueva vida. Sí, había dificultades, el caudal fuerte, los moradores de la tierra; pero Dios quería incluir a Israel en una gloria, la gloria de superar a las naciones, que todos vieran que de ser una nación de esclavos, ahora eran de temer, siendo poderosos porque Dios estaba con ellos, pero aun el pueblo dudaba, a pesar de que el Señor los llevó de triunfo en triunfo. Creed en Dios, y creed en sus enviados. Allí estaba Josué, que estaba en lugar de Moisés ¿Cómo creyeron en él si no estaban presentes cuando Dios le dijo que iba a tomar la dirección del pueblo en lugar de Moisés? Creyeron porque Dios lo engrandeció, por eso engrandece a sus Siervos, para que sea visible a los ojos el cumplimiento de las promesas que el Señor hace, por medio de ellos.

Así comparó el Apóstol a la iglesia actual, que debe cruzar ese río caudaloso que es el mundo, son las dificultades que habrá pero confiando en Dios, todo se podrá y se cumplirá la promesa de Dios que le hiciera ese 8 de diciembre de 2014, primero para que entrara la elección en sus corazones y segundo para engrandecer todavía más al pueblo de Dios. Y esa es la batalla, tenemos que atravesar el río y si hemos confiado en Dios y en su Ungido, atravesaremos en seco, pero sin temer al enemigo. Ahora no lo dice Josafat, ahora lo dice el Apóstol Naasón Joaquín: ¡Creed! ¡Creed en sus apóstoles y seréis prosperados! ¿Han creído en la voz de su Siervo?… “si habéis creído entonces debe existir una responsabilidad, un compromiso ante la voz de Dios. Ese compromiso es marchar tras el Siervo de Dios, siguiendo su ejemplo, obedeciendo aunque implique y aunque conlleve dificultades; no solo es recrearnos en la elección, también hay que proclamarla, anunciarla”. A la iglesia no solo le corresponde escuchar la palabra de Dios sino ser participante de esa palabra, no porque Dios nos necesite sino porque quiere hacer partícipe a su pueblo de sus triunfos y victorias.

Para terminar puso el ejemplo de Jefté, cuando hizo promesa a Dios en la lucha contra los amalecitas, sintiendo aquél dolor cuando vio a su única hija que le daba la bienvenida. Digno de alabanza fue el sentir de la muchacha: Haz de mi conforme lo has prometido, le dijo a su padre.

También el Apóstol de Dios ha ofrecido a la iglesia, ha tomado a nuestros hijos, a nuestras hijas para que anuncien las virtudes de aquel que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable, para que prediquen al mundo entero ¿Cuál será nuestra actitud? Invitó a la juventud para que no duden, acepten la invitación de servir a Dios.

“Iglesia de Oaxaca, iglesia universal… ¿Aceptas mi invitación?” preguntó. El amén retumbó por todo el lugar. Que Dios nos ayude a ser una iglesia responsable.

Para despedirse pidió el canto número 270 Iglesia santa, mansión de luz y vida… y conforme iba cantando las palabras, el Apóstol tocaba su corazón y alzaba su mano al cielo, gesto que la iglesia comprendió y se unió.

 

Oración final

En su oración final, alzó sus manos al cielo, sus palabras manifestaban su alegría porque sintió el reconocimiento de la iglesia a su ministerio, que lo habían recibido como un ángel, y expresó:

“Me recibieron como si fueras tú… Eres tú en mí el que ha hecho presencia en este lugar… bendice a esta iglesia de Oaxaca, multiplícala, Señor. Que esta palabra caiga hoy este día en esta tierra fértil y estos lugares sean muy prósperos. Hazles sentir la responsabilidad, que los jóvenes, las señoritas se armen de este valor para encomendar sus vidas, sus pasos a tu santo servicio, y que vean ellos mismos en su trabajo, en su labor, cumplidas las promesas que tú has hecho a tu Siervo Naasón….”

 

Despedida

Se despidió sabiendo que las palabras que él dejó las iban a poner por obra…. Que arrojarán sus redes, cansados tal vez ya de echarlas anteriormente, pero por la palabra de un Apóstol de Dios, de nuevo las echarán, y comprobarán que Dios es un Dios vivo que cumplirá sus promesas, prometiendo regresar muy pronto si así lo hacen.

Mientras caminaba de salida la iglesia comenzó a entonar el himno alegórico de esta Nueva Era Apostólica, Soy yo soldado… con sus manos levantadas y clamando bendiciones para el Siervo de Dios.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.