Presentación Apostólica en Orlando, Florida

(Coordinación de Crónica Apostólica) — La mañana del 31 de marzo, la Iglesia de La Luz del Mundo del estado de Florida se congregó en el Centro de Convenciones del hotel “Rosen Centre”, de la ciudad de Orlando, para escuchar el mensaje espiritual del Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García.

Desde la cuarta etapa de su Gira Universal, que tuvo lugar en Centroamérica, el Siervo de Dios externó el deseo de visitar a los hermanos de los Estados Unidos de Norteamérica para traerles la bendición, adornarles con la comprensión de la Palabra de Dios y confirmarles en la fe.

Con esta disertación matutina inició sus presentaciones, en el marco de la sexta etapa de su Gira Universal en las Iglesias de la unión americana. En esta ocasión, correspondió a las seis iglesias de Florida: Winter Haven, Ocala, Newberry, Haines City, Tampa, Ford Pierce  y Quince, quienes fueron bendecidas con la presencia apostólica en el magno evento que con gran entusiasmo espiritual aguardaban. La ceremonia religiosa dio inicio a las diez de la mañana, hora de Orlando. La consagración fue presidida por el hermano D.E. Adán Armenta (responsable de la feligresía de Pánuco, Veracruz). Acompañaron al Apóstol de Jesucristo, además, los hermanos P.E. Uzziel Joaquín, P.E. Leandro Ramírez, P.E. Pablo Pérez, D.E. Aarón Aguilar y los ministros de las Iglesias conurbadas de Florida.

Ingreso apostólico al recinto sagrado

Llegado el momento anhelado por la Iglesia de Orlando y de la zona del estado de Florida, que esa mañana estuvo ataviada con vestidos  blancos, como ya es habitual en las presentaciones del Apóstol del Señor, los niños le recibieron con leyendas en las que lo saludaban ofreciendo ser su futuro batallón espiritual en la labor evangelizadora, que con especial ahínco ha emprendido el Apóstol Naasón Joaquín en aras de lograr el crecimiento prometido por Dios el día de su llamamiento.

A las 10:30 horas, el Apóstol de Jesucristo ingresó al recinto saludando a los hermanos que jubilosos daban gloria a Dios por la distinción de tener entre ellos al Ungido del Señor, quien después de la salutación invitó a la Iglesia a orar y agradecer al Altísimo por sus bendiciones. El hermano P.E. Pablo Pérez, pastor de la Iglesia en Orlando, dio la bienvenida y enseguida el Coro local, dirigido por la hermana Débora Michel, entonó el himno 322, “Bienvenido seas, oh embajador”.

A su vez, el Apóstol de Dios  dijo que se sentía muy dichoso de estar acompañando a la Iglesia y atenderla, porque  amarla y velar por ella es su destino y su misión, que cual sacerdote erigido de entre los hombres le ha puesto Dios para velar por ella en el Señor. No sólo dirigirla, porque ser embajador no es una responsabilidad pasiva, sino la facultad de poder sentir la necesidad de los hermanos,  ayudarles con su oración y sus peticiones espirituales y continuamente estar pidiendo la bendición para sus  hijos en la fe, gracia con que Dios le revistió al levantarle por Apóstol de la consolación, encomienda santa  que ha venido realizando desde aquel memorable 14 de diciembre de 2014.

El Apóstol de Jesucristo comparte una revelación de Dios

Al respecto aludió el sagrado momento en que reconoció que suplicar por los hermanos también era su trabajo y lo comprendió  por una revelación que Dios le manifestara en su casa de la colonia Bethel, en Guadalajara, la madrugada del pasado 16 de marzo. Estando en su lecho escuchaba el llanto y gemidos de muchos hermanos. En ese momento pensó que eran algunos de los que lo acompañan cada mañana a orar por la Iglesia, pero al comprobar que en el templo aún no había llegado nadie, se recostó de nuevo y volvió a escuchar aquellos ayes y clamores. Con ello Dios le hizo comprender que aquel estruendoso clamor eran las súplicas de hermanos y hermanas que  estaban pidiendo a Dios la promesa del Espíritu Santo, porque eran las tres de la madrugada y ningún hermano había entrado al templo. Con esa manifestación, Dios le hizo percibir la necesidad espiritual del Pueblo del Señor que estaba pidiendo la promesa divina.

Agregó que después  de discernir el mensaje del Señor en el que de una forma hermosa le hacía comprender su deber para con la iglesia, expresó: “..doblé mis rodillas y empecé a suplicarle a Dios por ellos, pero el acusador acechaba y  se ensañaba al  enunciar  los errores y ofensas a Dios  en algunos, entonces yo le dije a Dios: ‘Tú me pusiste al frente de ellos para que te represente, hoy  vengo ante ti a suplicarte, ayuda a tu Pueblo bendícelo y que sienta tu presencia cuando derrames tu bendición…’”.

Con enorme regocijo espiritual engrandeció al Señor por haberle puesto al frente de su Pueblo en el que Dios  ha estado contestando  y hoy le permitía estar con esta Iglesia  de Orlando que gozosa glorificaba a Dios y a la que le dijo: “Heme aquí , he venido a verlos  y fortalecerlos en el Señor,” lo cual estaba logrando con las bendiciones de Dios obtenidas y cuyo triunfo reconoció en los 50 mil bautismos realizados en la ceremonia internacional celebrada el pasado 14 de febrero, lo cual, dijo, es el resultado conjunto de la labor del apostolado, los coros y la  Iglesia universal, a la que convocó en su mensaje dominical en Guadalajara a unirse en oración y avivar el espíritu en los avivamientos de  los hermanos sellados con esta prenda, a fin de que tuvieran la oportunidad de volver a sentir la comunión sublime de platicar con Dios; estado de santidad que pudo haberse perdido por algún descuido y por el pecado que hace división entre Dios y el hombre; pero ahora él deseaba que la Iglesia esparcida por todo el mundo aprovechara la oportunidad de volver a experimentar el estado glorioso del momento en que habían sido marcados por el Señor con su Espíritu, bendición de la que toda la Iglesia se asió durante los avivamientos.

Destacó que el místico reencuentro con el Señor también favoreció a los que aún no recibían el Espíritu Santo por algún pensamiento erróneo y por desesperarse al sentir que Dios tardaba en responder. A ellos aconsejó  esforzarse y convencer a Dios, no con reclamos ni exigencias sino con clamor y súplica reverente.

Manifestaciones del Espíritu Santo en la vida del cristiano

De igual manera explicó que para la iglesia  que ya conocía cómo conmover al Señor, ésta se avivó de nueva cuenta en el espíritu y aunque algunos, por alguna falta o que por alguna carnalidad se habían alejado de Dios y de su Iglesia, cual hijos pródigos  fueron perdonados, recibidos por Dios y cobijados en su ilimitado amor; porque, agregó, todo el que conoce y escucha la Palabra es porque está predestinado para salvación, y más los que fueron bendecidos con la promesa.

En otro momento, al dirigirse a las visitas que asistieron, expuso categórico: “Nadie está en la iglesia por casualidad sino porque Dios provee los medios, y  ante todo porque ya los conoció y los escogió desde antes de la fundación del mundo; resta que no  endurezcan su corazón para recibir el amor del Señor y crean en Jesucristo y su doctrina, que es gloriosa, limpia y con promesa para la trascendencia espiritual, que es la suprema esperanza de los hijos de Dios”.

La recepción del Espíritu Santo: testimonio del amor de Dios para sus hijos

En otro momento, destacó: “Nuestra presencia en la Iglesia es la primera manifestación del amor de Dios por nuestra alma y recibir el Espíritu Santo es un claro ejemplo que Dios cumple sus promesas; lo que olvidan  los que se apartan seducidos por el mundo y Satanás  habiendo recibido la prenda del Espíritu Santo por el que fueron adoptados por hijos de Dios, don que no se consigue con facilidad, pues para ser sellados con esa valiosa prenda se requiere reconocerse a sí mismo, reconciliación y humillarse ante Dios…”.

Con inmenso reconocimiento a Dios y amor a los que aún no han sido adoptados por Él, les aconsejó  cómo conmover al Señor diciéndole de corazón: “Me acerco a ti porque Tú eres el único benefactor de mi alma, el que provee todo, pues aún las autoridades por Dios son puestas y lo único que Dios quiere es que le agradezcamos y le demos la gloria”.

De esos días de avivamientos él tuvo la experiencia de ver a algunos hermanos que cual Jacob, aún muy noche seguían peleando la batalla con su carne y con Dios logrando conmoverlo, porque al corazón contrito y humillado no lo desprecia el Señor, –agregó. Por este triunfo se mostró feliz al saber que el Espíritu Santo se ha derramado a raudales en la Iglesia del Señor y ante la gloriosa respuesta divina  que se sigue buscando en algunos lugares, dijo: “Estamos viviendo algo más grande que el Pentecostés, porque allá fueron 120 hermanos y hoy son miles de almas en todo el mudo quienes han recibido”,  y agregó: “Soy participante con vosotros de esta fiesta espiritual por lo que deseo que la Iglesia valore esta bendición que se buscó y recibió en estos días”.

Para dar bienvenida a los nuevos hijos de Dios invitó a la Iglesia congregada en Orlando a entonar la alabanza 391 del himnario: “Oh cuán precioso es adorar a Jesucristo”, canción espiritual que fue interpretada con gran regocijo espiritual dada la magnitud del  excelso regalo recibido y con el cual ya tienen en su corazón el consolador, no sólo por el sacrificio personal realizado, sino por la respuesta del Señor a su promesa de bendición y que por la sangre del Cordero fueron limpiados; multitudes que desde Miami hasta Australia vio levantando los brazos con palmas en sus manos glorificando al que quiso adoptarlos por hijos y sin hacer acepción de personas, porque hubo iglesias en que por primera vez se realizaron avivamientos y los nuevos hermanos recibieron la potencia de lo alto, el Espíritu Santo que aconseja y consuela en las luchas y tribulaciones, además de ser las arras de nuestra herencia para el día de la redención.

El Apóstol del Señor extiende otra semana de avivamientos

Debido a que aún hay hermanos que no han recibido el Espíritu Santo, el Siervo de Dios autorizó una semana más de avivamientos, porque le preocupa que haya en ellos desánimo y para apoyarlos a fin que puedan decir a Dios, ¡Abba Padre! ¡Padre mío! ¡Padre nuestro!…

En esta presentación aconsejó sobre la forma correcta de pedir y conmover a Dios  para que Él venga a morar en el corazón del hombre; situación  tan gloriosa ni Salomón, con toda su sabiduría, alcanzó a comprenderla y se cuestionaba,  ¿será posible que Dios haga en el hombre su morada?, si ningún elemento lo puede contener  y además sabía que Dios sólo se manifestaba por Moisés y que el pueblo de Israel no hablaba directamente con Dios, sino por medio de los hombres de Dios, ya que el pueblo lo hacía moría, porque la Ley era excluyente (Cfr. 2ª. Crónicas 6: 18; Éxodo 20:19).

Aún Cristo respetaba esa deferencia de Dios con su Pueblo y lo evidencia la expresión que le dio a la mujer samaritana: “No es lícito dar el pan de los hijos a los perrillos”, sólo que la respuesta de humillación de aquella mujer conmovió tanto al Señor, que en su infinita misericordia  abrió la oportunidad para los gentiles o ajenos al Pueblo elegido por Dios y ahora, como fue anunciado (Joel 2: 28-29), nos alegramos en  el cumplimiento de esa profecía,  cuyas primicias fueron en el día del Pentecostés,  y en las lluvias tardías se ha cumplido en su Iglesia. De ahí que el primer objetivo de su exposición en Orlando fue conminar a la Iglesia sellada, a valorar tan valiosa dádiva, “…porque ahora tenemos el discernimiento que es un regarlo precioso con el que Dios confirma que somos sus hijos por el Espíritu Santo que Él derrama sobre los corazones limpios y consagrados, lo cual se manifiesta al hablar en lenguas angelicales.”

Manifestaciones de la recepción del Espíritu Santo

EL Apóstol de Jesucristo, basado en la Escritura profética,  explicó que otra manifestación de su cumplimiento son los sueños y visiones que Dios le da a los niños y ancianos de la Iglesia, por lo que con gran regocijo espiritual aseguró que al recibir el Espíritu Santo disfrutamos de la presencia de Dios y no morimos, como creían los antiguos, ahora podemos decir,  es verdad que Dios habitará con los hombres en la tierra, con todos los que escuchen: “Este es mi hijo amado…”, y lo experimentarán por fe –agregó–, con la confianza de que Dios preparó nuestro cuerpo para soportar y recibir esa promesa que confirma al creyente como hijo de Dios, para ser coheredero con Cristo, para ser Emanuel (que quiere decir “Dios con nosotros”), convertidos en morada de Dios”.

Ante esta gloria le entristeció que los judíos aun acuden a suplicar a Dios en el muro de los lamentos en los atrios de lo que fue el templo, “desconociendo que el verdadero templo de Dios somos nosotros, porque Dios nos consagró y nos dio el Espíritu Santo y que ahora somos templo del Dios viviente…”. Por lo tanto el consejo para los que fueron sellados con la preciosa prenda es “que se guarden en limpieza y en perfecta santidad, porque no recibieron objetos materiales, autos o casas sino al mismo Dios; que eviten corromper su corazón y contristar el espíritu con maledicencias, iras y contiendas, antes ser benignos y apartarse del pecado…, porque habiendo avivado el Espíritu Santo que mora en nosotros tenemos la certeza que Dios cumple sus promesas”.

 Así que ante la pena que le causan los que por sus flaquezas y debilidades de la carne contristan el Espíritu Santo, dejó a la Iglesia que ha sido sellada, la gran responsabilidad de cuidar esta prenda divina y evitar contristarla, porque por ella seremos reconocidos en el día de la redención. Ante tal afirmación conminó a los espirituales a alejarse de todo lo que en el mundo envilece y nos separa de Dios, “que te conoció, te llamó y te santificó con su gloria, la de ser su hijo, ahora somos la casa de Dios” (Cfr. 1 Corintios 6:16).

Segundo objetivo de la presentación apostólica

Al final del desarrollo de su presentación en Orlando, el Apóstol de Jesucristo aconsejó a los hermanos que no han recibido la promesa del Espíritu Santo, a analizar su situación espiritual, si la forma de pedirle a Dios no es la adecuada, a buscarle por la puerta de la misericordia suplicando y si se desesperan creyendo  que esa bendición no es para ellos o bien creen que la humillación requerida es la física, mejor reconozcan ante Dios con sinceridad y humildad su situación espiritual, pero en lo interno y si hay la necesidad, Dios va a contestar, porque desde que nos predestinó arbitra los medios para que seamos salvos e hijos de Dios. Les reiteró que además él estará orando por las necesidades espirituales de su Iglesia, les dijo enfáticamente: “Tengan la confianza en que Dios ha puesto en mis manos el manto de la Elección, que significa una facultad, el manto de la consolación”.

La iglesia presente glorificaba con un hermoso reconocimiento a la autoridad de Dios en la tierra, en la persona del apóstol de Jesucristo, quién conmovido en el espíritu dijo  al Señor: “Esta es mi palabra… Si ellos han creído en mí  y tú me dijiste que los ibas a bendecir, cumple la palabra que me diste…” A su vez, a los que estaban pidiendo la bendición en todas las partes del mundo, los conminó a acercarse  confiadamente al trono de Dios, pero con un corazón humillado y Él los exaltará con su bendición.

Despedida

Para cerrar su alocución, desplegada con tono firme y categórico, pero lleno de ternura y compasión hacia los hermanos que se están esforzando en los avivamientos, el Apóstol del Señor, después de los sabios consejos que emitió a todos ellos y a la Iglesia universal, invitó a entonar la alabanza  179 de los himnarios, “En esta vida esperamos la victoria”, espacio en el que con visible regocijo espiritual el Varón de Dios daba aleluyas al Cordero celestial, satisfecho con su destino, que es velar y guiar a la Iglesia del Señor. En este tenor reiteró: “Dios me ha hecho sentirles como mis hijos y con ello sus necesidades y me ha dicho que les  cobije con el manto de la consolación ..”.

Era tanto su gozo, que en su oración final que fue mayor a 10 minutos, bendecía y glorificaba a Dios con tanta libertad espiritual que la Iglesia experimentó la misma bendición y el recinto que se cimbraba con las oraciones del apóstol y de los hermanos y hermanas fue testigo mudo de un verdadero avivamiento en la Iglesia de la Florida, a la que  el Siervo de Dios percibió de  hermanos de perfil muy espiritual y se expresó feliz de visitarlos en su primera presentación en la Unión Americana.

Antes de retirarse de la sala de convenciones en donde tuvo lugar la reunión, agradeció el  trabajo de los ministros encargados y los bendijo deseando que en cada obra que realicen y aún en los avivamientos, sea Dios el que se apoye en ellos y sea su voz la que escuchen. En cuanto a él, estaba feliz, tanto que se mostró satisfecho al sentir la obra de Dios en la fe de la Iglesia.

Afuera, un grupo de niños de la Iglesia corrieron a saludarle y él los abrazó conmovido de la espontaneidad de los pequeños que lo recibieron portando unas pancartas con emotivas leyendas de bienvenida a Florida.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.