Primer Santa Cena Internacional en Estados Unidos de Norteamérica

(Coordinación de Crónica Apostólica) — ​​​”Hoy quiero anunciar que esta Santa Cena en ​​Guadalajara será la última para los hermanos de Estados Unidos, con los cuales me reuniré el 14 de febrero de 2018 en la ciudad de los Ángeles y yo invitaré a toda la iglesia de Estados Unidos de ​Norteamérica y desde ese día, la Santa Cena se establecerá para Estados Unidos, Europa, Asia y Oceanía” (Apóstol de Jesucristo Naasón, 14 de agosto de 2018).

Con estas palabras, el Apóstol de Jesucristo marcó el inicio de una nueva era en la Iglesia La Luz del Mundo, la internacionalización de la Santa cena, magna festividad religiosa que se celebró justamente el 14 de febrero de 2018, evento sublime que con gran solemnidad se desarrolló en el Anphitheatre Park Glen Helen del condado de San Bernardino, California.

Los preparativos fueron coordinados por los 5 Pastores jurisdiccionales de la Iglesia en la Unión americana, los pastores Uziel Joaquín García, Silverio Coronado, Antonio Gaona, José Hernández y Aurelio Zavaleta. Con anticipación gestionaron la autorización para celebrarla en el Anfiteatro Park Glen Helen de San Bernardino, California, el lugar que durante la festividad religiosa se convirtió en el centro de reunión de más de 150,000 hermanos y hermanas de la Iglesia la Luz del Mundo de Estados Unidos, Canadá, Europa, África y de Guadalajara, Jalisco, México, todos ellos convocados a celebrar por primera ocasión, la Santa Cena Internacional en los Estados Unidos de Norteamérica. Memorial para el que se eligió el condado de San Bernardino, por ser de los 58 condados de California, el de mayor extensión de Estados Unidos, que limita con los condados de Los Ángeles, de La Paz, Arizona y el Condado de Clark y por tratarse de una región pluricultural, ya que el 58% son blancos y el resto de la población son afroamericanos, amerindios, asiáticos, isleños del Pacífico y de origen hispano o latino, fenómeno étnico social que ha facilitado la comunicación y aceptación del evangelio en la región, trayendo consigo un enorme crecimiento de la iglesia del Señor en ese Estado.

 

Logística del evento

Correspondió la organización de la Santa Cena a los Ministerios internos de Recepción y hospedaje, de Intendencia, Ceremonial, Ortodoxia, Comunicación social y de Seguridad de la Iglesia, quienes atendieron a los convocados, a fin que tuviesen una feliz estancia, que disfrutaron en paz y armonía los miles de hermanos, para los que se instalaron enormes carpas en donde se les impartían los estudios a los jóvenes, a los niños, a las personas de capacidades diferentes y de la tercera edad.

De igual manera, desde la majestuosa bienvenida en la que desfilaron delegados de los países convocados a conmemorar la muerte del Señor Jesucristo, -ceremonia que se llevó a cabo el sábado 11 de febrero-, numerosas iglesias de la Unión americana instalaron expendios de alimentos, a fin que los invitados pudieran comer sin tener que abandonar el parque y así continuar su preparación espiritual, condición requerida para participar del banquete fraterno de la Santa Cena.

Así mismo se instalaron módulos de salud, de ortodoxia, de evangelización, de asuntos jurídicos, de recepción hospedaje y de Berea internacional, cuya producción se encargó de grabar y transmitir todos los estudios que se impartían a la iglesia en el auditorio del Anfiteatro y desde luego las presentaciones apostólicas de la ceremonia de Bienvenida, del Servicio de la Santa Cena, y el memorial sagrado, solemne festividad que tuvo más de 12,000 conexiones de internet y que gracias a esta tecnología fue vista por la iglesia esparcida por el mundo y diseminada en más de 53 naciones.

 

El espacio de meditación

El día anhelado por todos los convocados llegó y pese a que una ligera lluvia mojaba sus rostros, desde temprana hora la feligresía vestida de blanco se apresuraba a ingresar al auditorio, en donde ya los Coros de Estados Unidos, Canadá y Guadalajara avivaban el fuego espiritual con sus melodiosas voces. A las 10:00 de la mañana el Apóstol de Jesucristo y el Cuerpo ministerial, con gran reverencia asistieron al culto de meditación, espacio que debido al clima se realizó en la carpa que ocupaban los jóvenes. Presidió el Pastor evangelista Job Zamora, quien invitó a la iglesia congregada a escudriñar el corazón, a analizar individualmente la condición interna del alma y si hubiese alguna falta o mal sentimiento, les aconsejó buscar en oración el necesario perdón de Dios, a fin de celebrar dignamente el memorial sagrado. Los congregados doblaron sus rodillas y con el corazón contrito suplicaron la reconciliación con Dios instados por las estrofas del himno 33 “Cerca de ti Señor quiero morar” .

 

Consagración del Servicio de Sana Cena

A las 13:00, tiempo de Los Ángeles, California inició la Consagración del Servicio de la Santa cena, la presidió el P.E. Octavio Herrera y mientras se acercaban los Pastores y Diáconos a un costado del altar del recinto, al unísono los coros entonaban el canto “Día de fiesta, día de gozo”, júbilo espiritual que se extendió en la iglesia, con las voces angelicales de los levitas dirigidos magistralmente por el hermano Job Ruíz . Interpretaron ” Ésta es la fiesta más grande de toda la tierra” enseguida el cántico “Estamos invitados a una fiesta hermosa” alabanza con la que los Coros encendían el fuego del espíritu en los convidados.

Con una composición bíblica, el hermano Cristóbal Castro de Houston, Texas participó a nombre de la iglesia, que glorificaba al escuchar las palabras de reconocimiento a la Elección de Dios en su Apóstol y el mismo efecto produjeron los cánticos que interpretaron los hermanos de Ohaio y del Batallón de Gabón, así como la bienvenida a estos holocaustos que les dio el Coro de Estados Unidos, con su interpretación en inglés.

 

La primera Santa cena internacional, inicio de una nueva era en la Iglesia del Señor

“Hoy es un día glorioso y de gran bendición, no por la cantidad de personas ahí reunidas, sino por la presencia del representante de Cristo en la tierra y por haber sido invitados por él a conmemorar la muerte del Señor” expresaba con elocuencia el P E Octavio Herrera. Cuando el Ungido de Dios arribó al recinto, la emoción espiritual se desbordó aún más en los presentes, ingresó a las 2:20 de la tarde al auditorio, iba franqueado por sus hermanos, los Pastores Benjamín y Uzziel Joaquín.

La iglesia daba glorias a Dios por la bendición sublime que se derramaba en fe en el corazón de los hermanos, de los cuales muchos no conocían personalmente al embajador del Reino de los cielos y al verle glorificaban a Dios por no haberles dejado solos y por levantar a un varón conforme a su voluntad, que cuida de ellos y al que Dios le ha dado promesas de prosperidad y le ha autorizado convocarlos en la Holy Supper 2018, para memoria del Señor Jesucristo y para gloria y alabanza de Dios, que en un inigualable acto de amor aceptó que su hijo Jesucristo sufriera y padeciera muerte de cruz, por salvar a la humanidad.

Sacrificio del que el Apóstol del Señor, hizo remembranza aclarando que el Señor Jesucristo, la noche en que sería entregado a los principales religiosos, quiso cenar con sus discípulos y ahí les dejó la instrucción de la Santa Cena. Refirió que antes de partir a recibir de su Padre, el trono de gloria, les prometió que estaría con ellos hasta el día postrero, reiteró que antes les dejó la encomienda de conmemorar su muerte, proclamar su resurrección y anunciar su venida con gloria, “lo cual hacemos en su iglesia que él fundó”…hoy es la primera Santa Cena internacional que se celebra separada de la matriz de Hermosa Provincia, para realizarla hasta la venida del Señor, en este país…” y agregó que ya desde el 14 de agosto en Guadalajara deseaba celebrar con ellos esta pascua que es Cristo y hacer memoria de su muerte, -aclaró-, “la única muerte que celebra la iglesia, porque por ella tenemos la oportunidad de ser cercanos al Señor, ¿qué nos ha traído a este lugar?, ¡la muerte del Señor Jesucristo!” grandioso motivo que esa tarde congregaba a miles de almas que atendieron la invitación y acudieron en busca de comunión con Dios, incluso mencionó que: “muchos vienen avergonzados por el pecado, por haberse avergonzado de nosotros y de las enseñanzas del Señor Jesucristo, mas yo los recibo como el padre a su hijo pródigo, “…”y como ese padre quisiera regañarte y preguntarte, ¿qué te ha ofrecido el mundo que no te haya dado el Señor?,-los imprecó con evidente dolor-, pero como aquel padre, yo también me alegro de verte…”

Enfatizó con libertad que ese día los adornaría y les aseguró que aquellos que estuviesen muertos, hoy tendrían de nuevo vida. Con esa confianza, se esparció en los presentes el momento de contrición llenando el recinto de clamor, que entre lágrimas y sollozos elevaban sus hijos al Padre celestial, reconociendo haberle ofendido y para invitarlos a meditar en la bondad divina y en la gracia bendita del perdón, el Apóstol Naasón Joaquín los invitó a entonar el cántico 315 “Me hirió el pecado” Lo entonaban con gran fervor y humillación, pero al mismo tiempo con esperanza al escuchar al embajador de los cielos, que con toda autoridad les aseguraba: ” Estabas perdido y errante, pero hoy una vez más el Señor te da el perdón, aquí está tu hermano Naasón para unirte de nuevo a su santa iglesia…”

 

La participación de la Santa Cena, la única forma en que la iglesia puede permanecer unida y en comunión con Cristo

Asentó que esta celebración es la primera Santa Cena internacional, de muchas que se celebrarán y explicó por qué ha sido necesario celebrarla cada año en Guadalajara, “no por costumbre, -dijo-, ni por considerarse un acto sagrado, sino por revelación que supera la costumbre, por ser el acto más sagrado y bendito en el que primero debe haber un discernimiento, porque la participación de la Santa Cena es la única forma en que la iglesia puede permanecer unida y en comunión con el cuerpo de Cristo”.

Enseguida para dejar una enseñanza a la iglesia universal, el apóstol del Señor explicó magistralmente el significado revelado y místico del cuerpo de Cristo, “la parte sustantiva del mandato, ¿por qué la celebramos?, ¿qué valor tiene ese cuerpo” e instó a la iglesia a descifrar el misterio de cómo el Señor Jesucristo ha cambiado su cuerpo, “¡hoy no es el crucificado ni el vencido, -agregó categórico-sino el glorioso!, ¡es un ser vivo espiritual, poderoso y perfecto!, ¡glorificado y transformado, que está a la diestra del Padre!, y el cuerpo espiritual lo comparte con la iglesia mística”. (Léase Juan 22: 19)

Reiteró que “el Señor en la última cena con los apóstoles, nunca convirtió el pan en su cuerpo, sino que al bendecirlo y darlo a comer a sus discípulos, viene a representar el cuerpo de Cristo y la copa al bendecirla viene a representar la sangre del Señor, que al beber de ella se hace la comunión…” por lo tanto esos elementos siguen siendo pan y vivo, sólo van a ser bendecidos para que representen el cuerpo y la sangre de Cristo.

Fue sorprendente la seguridad y el espíritu de revelación divina, que instó al embajador del reino de los cielos a enfatizar en dónde está la importancia de ese memorial: “Su hermano Naasón, -reiteró a la iglesia-, con autoridad de Dios y de Cristo bendice el pan y el vino, para que al comerlo y beberlo, la iglesia mística se una al Señor y quede en comunión con Cristo.” Por tanto, dejó claro que participar trae la comunión, porque es un memorial santísimo, que tiene valor cuando se hace con la autoridad apostólica y con la poderosa oración intercesora del embajador del reino de los cielos. Exhortó a los comensales a confiar en que sus ministros llevan esa palabra de bendición y al pronunciar : “¡comed y bebed!, como el centurión, basta con que digan la palabra, para que Dios actúe en nosotros y al participar nos convertimos en uno con el Señor y nuestro cuerpo se fusiona, se adhiere con el de Cristo…”

El hecho que el apóstol del Señor sea el último en participar del pan y del vino, tiene también un significado místico, “momento sublime en que llega Cristo y como cabeza se fusiona al cuerpo que es la iglesia, para ser un solo cuerpo, un solo elemento, nuestros seres espirituales se van uniendo para ser un solo cuerpo… para ser Cristo, ahora ya somos Cristo y en ese estado permaneceremos en tanto no pequemos…”

De ahí que el memorial de la Santa cena, -dijo el Siervo de Dios-, “no es sólo comer un trozo de pan y beber un sorbo de vino, sino tener la bendición de pasar a formar el cuerpo de Cristo, perfectamente unidos por medio del pan y del vino, sólo el pecado nos separará del cuerpo de Cristo, mientras no ofendamos al Señor continuaremos siendo el cuerpo de Jesucristo y hoy una vez más te unirás al Señor…”

 

El apóstol de Jesucristo unge diáconos

La iglesia se puso de pie para escuchar los ungimientos, ya que esa tarde, el Siervo del Señor confirió el diaconado a los entonces Encargados Ezequiel Cervantes de Haití, Abner García de España, José Lucas Escobar de Australia y Víctor Manuel Silva de Wisconsin, Illinois, a quienes por su trabajo y dedicación a la iglesia, les confirió la responsabilidad espiritual aconsejándoles servir a la iglesia, no con señorío ni prepotencia, sino con amor y solicitud. Mientras los Pastores les imponían las manos, todos acudieron al jardín de la oración y a petición del padre de la fe, de rodillas suplicaron a Dios, le diera más ministros con el sentir por servir a la iglesia con amor y sinceridad.

 

Oración intercesora del apóstol por la iglesia participante

Después de las 15:00 horas la iglesia en humilde contrición fue abarcada en la poderosa oración intercesora del apóstol de Jesucristo, quien con gran ternura suplicó al Señor que los perdonara, a fin de dignificarlos para que todos pudiesen participar del memorial santo.

En su ruego a Dios y en sublime coloquio con el Altísimo, se le escuchó decir: “…que os amo más que a mi vida y que soy vuestro, que si alguno no alcanza misericordia, ¡yo te suplico Señor, perdona sus ofensas y si en tu ira alguno no alcanza que lo perdones, aquí está mi cuerpo, lo pongo en propiciación, como tú lo hiciste con tu hijo… que salgan unidos a ti!

“Hermanos de Estados Unidos, que por las leyes no han podido ir a celebrar la Santa Cena a Hermosa Provincia, hoy el cielo de Hermosa Provincia viene a ti, ¡hijos del Apóstol Aarón, del Apóstol Samuel y de Naasón Joaquín, bienaventurados sois por el perdón recibido!

Después de su plegaria dijo que oró por los que con plena sinceridad buscan el perdón de Dios y con la certeza que de Dios y Cristo recibió la encomienda santa del apostolado expresó : “¡Por la gracia de Dios soy lo que soy y su gracia no ha sido en vano!, mi ministerio no es de un país, ¡yo soy Apóstol de Jesucristo hasta lo último de la tierra! con esta bendición espiritual el apostolado es amor para todo el mundo…” categórica afirmación que la iglesia confirmó con emotivos amén y glorias a Dios por la infinita bondad del Altísimo.

 

Santificación del Pan y el vino

Eran las 3:30, hora de los Ángeles, cuando el Embajador de Dios se dispuso a santificar el Pan, los coros y la iglesia entonaron el cántico 89 “Con gran paciencia la esposa despierta”. La hora se había llegado en la que el Apóstol de Jesucristo con gran solemnidad y desde luego con la autoridad conferida por Dios consagró el Pan diciendo: “Porque yo recibí del Señor, lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús la noche que fue entregado, tomó pan y habiendo dado gracias lo partió y dijo: Tomad, comed, esto es mi cuerpo que por vosotros es partido, haced esto en memoria de mí.” (Mateo 26:26) y agregó: “hoy vengo a hacer uso de esa autoridad que me has conferido…” Acto seguido envió al Cuerpo ministerial a repartir el pan entre los comensales congregados y cuando todos habían participado del sagrado Pan, puesto de pie bendijo el vino que simboliza la sangre del nuevo pacto de redención y les encomendó que al beberlo lo hiciesen con gran reverencia y gratitud por la infinita misericordia dando gloria al Señor, igualmente que no sólo orasen por la bendición, sino viviesen el momento de profundo dolor que el Señor experimentó, a quien evocó entre sollozos diciendo:

“¡Oh Señor glorioso, ya no estás solo en aquel huerto, Padre!, ¡oh señor que me has enviado, ya no estás triste como lo estuviste en aquel monte!, aquí están los redimidos que tú redimiste con tu sangre y con la autoridad que tu me has dado, ¡oh Dios te ruego, bendice esta copa que representa esa sangre que tu derramaste en la cruz, de la cual participarán todos tus hijos que tu rescataste con tu muerte… para que sean uno contigo, en una unidad perfecta con Dios, con tu enviado y con tu iglesia…”

Al escuchar la emotiva y a la vez poderosa plegaria del Embajador del reino de los cielos, las oraciones que los presentes elevaban de hinojos y en lenguas angelicales llenaron el recinto, el momento era sublime, y es profeso para agradecerle al Señor y cautivar la atención de los participantes, a quienes el Apóstol invitó a sellar un compromiso, el de dar testimonio y servir al Señor hasta el último día de vida…”

Porque no fue una acción simple, -agregó el Apóstol Naasón-, “sino el negamiento voluntario del Señor para salvar a los millares de hermanos y hermanas que fueron rescatados del mundo cuando se sentían solos y sentían que no tenía sentido su vida…”, mas hoy, -dijo el Hombre de Dios-, están protegidos y en el hueco de la mano de Dios, por su amor y su infinita misericordia… yo también en algún momento he sentido cuando mis amigos me han abandonado, me han querido golpear y destruir, pero yo como me enseñó mi padre Samuel, he doblado mis rodillas y he clamado al que salva las almas, ¡más duro fue el sacrificio y la situación en que se encontró mi Señor y se entristece mi ser al recordar aquel momento en que se encontró solo, porque él no encontraba consuelo, quería sentirse protegido de alguien y acudió a sus amigos, pero los encontró durmiendo y les dijo: ¿cómo podéis dormir mientras yo estoy triste hasta la muerte ? y volvía a subir a orar a su Padre, ¡Padre, si es posible pasa de mi esta copa!, mas no se haga mi voluntad sino la tuya…”

En tanto los Pastores y los diáconos impartían el vino, el Apóstol de Jesucristo fue a acompañar a los hermanos de la tercera edad instalados en una carpa especial para todos los hermanos y hermanas mayores, a quienes reconoció el sacrificio de amor que habían hecho al atender la invitación a la magna Santa cena de obediencia, autoridad y comunión. Los animó a conservar la fe hasta el último día.

De igual manera, acompañado del P:E. Uzziel Joaquín fue a la carpa en la que se encontraba la niñez de la iglesia, los pequeños desbordados de alegría y reconocimiento al padre de la fe deseaban abrazarle y a su paso le extendían sus brazos. Ya en el ministerio les dijo que se sentía orgulloso del buen comportamiento que manifestaron durante la festividad, los bendijo y regresó al ministerio del altar del auditorio, en donde los convocados a la fiesta más grande de toda la tierra disfrutaban las caricias espirituales de la comunión con el Señor, que se completó cuando el Apóstol de Jesucristo participó del pan y el vino, porque fue en ese instante cuando Cristo como cabeza, quedó unido a su iglesia que es su cuerpo santo.

La gloria de Dios se extendió por el recinto del anfiteatro Glen Helen, del parque del condado de San Bernardino, California y al unísono, más de 150,000 participantes loaban a Dios y exaltaban su infinita misericordia, la dicha espiritual permeaba en ese banquete fraterno de la primera Santa cena Internacional en la Unión americana, gran gozo que no fue ni la mitad de lo que será en el celeste país, en la patria del alma, entonaban los coros que con sus voces melodiosas hacían ascender en el espíritu a la iglesia congregada.

El P.O. Daniel Núñez , con gran solemnidad dio lectura al capítulo 17 del evangelio de Juan, después del cual terminaría la celebración del memorial sagrado recordado para instar a la iglesia a valorar el inigualable sacrificio del Señor Jesucristo, que se entregó voluntariamente dando su vida en propiciación para salvar a la humanidad y que en plena agonía oró a Dios por sus discípulos, rogó al padre por sus Apóstoles y por los que habrían de creer por la palabra de ellos.

Cuando todos habían participado, se alegró con los que atendieron la invitación esperando que en cumplimiento a las promesas de Dios, en dos a seis años en que se celebre la Santa cena en Atlanta, Georgia, sean muchos más los que conmemoren, “¡Dios te bendiga iglesia de Estados Unidos!, ¡iglesia de Europa, Dios te prospere!, ¡iglesia de África y Oceanía, esperamos seguir concelebrando contigo este santo memorial, hasta que lo celebremos con Cristo, el autor y consumador de la fe!

En cumplimiento a los que Dios le ha dicho y le ha ordenado, antes de despedir a la iglesia, la invitó a hacer la oración de adoración y a dar la gloria al Creador, que dijo: “no debe confundirse con ninguna otra gloria, ni de un hombre ni de ningún otra persona, antes en el nombre de Jesucristo agradecer al que hoy nos ha reunido y bendecir a Dios por el gran amor con que amó a la humanidad y no escatimó a su hijo unigénito para salvarla.

En reconocimiento a ese amor e infinita misericordia del Señor, la iglesia entonó los himnos “allá en los olivos”. A su vez el Varón de Dios invitó a entonar el cántico “En Gólgota Jesús murió”, estrofas que tomó como eje para destacar que sí, efectivamente Cristo murió y dio su vida por rescate y redención de los pecadores, pero Dios le resucitó al tercer día y le sentó en los cielos junto al Padre, bendita verdad con la que exhortó a proclamar su venida, “con la esperanza que un día estaremos con Cristo Jesús allá en los cielos, ¡hermano mío, ahí te quiero ver¡ Entre tanto me despido con la paz de Dios y la gracia de Cristo, el Señor quede con vosotros…” También agradeció a los hermanos de Europa, de África, de Asia y Oceanía que estuvieron en la festividad, igual agradeció a la iglesia de Guadalajara, a la que prometió acompañar en la próxima Santa cena que se celebrará en Hermosa Provincia. A los hermanos de Estados Unidos les reiteró que en dos años volvería a celebrar la más sublime de las fiestas religiosas de la Iglesia del Dios Vivo, Columna y baluarte de la Verdad, La Luz del Mundo: La Santa Cena y al ver que el lugar de San Bernardino fue insuficiente, prometió buscar un lugar más grande, porque aseguró, “para entonces seremos muchos más los que nos congregaremos en memoria del Señor, en cumplimiento de la santa promesa que Dios me ha dado”. Despidió a la iglesia que fue abandonando el auditorio henchidos de la gran bendición espiritual que habían disfrutado.

Al bajar del altar agradeció la participación de los Coros de Estados Unidos, Canadá y Guadalajara, a cuyo Director, el Apóstol le expresó la felicidad que le dio el que los levitas lo hubiesen acompañado. Finalmente participaron del pan y del vino, los miembros del Cuerpo ministerial y los hermanos y hermanas que tuvieron alguna comisión en los ministerios de Ceremonial coordinados por el P.E Silverio Coronado, de Ortodoxia el P.E Rigoberto Mata, de Relaciones Públicas el P.E Samuel Grey, de Salud, el P.E José Luis Estrada y el ministerio de Recepción y hospedaje, los Pastores Jonathan Mendoza y Antonio Gaona.

Al concluir el ágape, el Apóstol de Jesucristo se reunió en el comedor de ministros con los Pastores y Diáconos que habían impartido la Santa cena, con quienes se congratuló por el apoyo de sus compañeros, en el feliz desarrollo del memorial más sagrado.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.