Primera caminata de la niñez cristiana en la la nueva era apostólica — Berea Internacional

agosto 11, 2016

(Coordinación de Crónica Apostólica) — Con el propósito de manifestar su orgullo por la niñez del pueblo de Dios, el jueves 11 de agosto el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, sintió en su corazón convocar a la niñez de la Iglesia del Señor a una caminata que partiera de la colonia Bethel a la colonia Hermosa Provincia.

Desde que se anunció la noticia del evento un día antes, los niños provenientes de diferentes partes de la República Mexicana y del mundo, se advirtieron entusiasmados e hicieron las tareas necesarias para cumplir con esta invitación, aún los que no llenaban el requerimiento de edad para asistir a la caminata.

Llegó el momento y a las cuatro de la tarde en punto el P.E. Pedro Ramírez tomó el ministerio e invitó a la multitud de niños que a esa hora –a pesar de la insuficiencia vehicular de transporte– ya se encontraba en el interior del templo ubicado en la colonia Bethel. A las cinco de la tarde aún seguían llegando niños y niñas de todas las colonias subsedes y de la Zona Metropolitana de Guadalajara; algunos más pequeños iban acompañados de sus padres, mientras desde el interior y por las bocinas se oía el estudio que les era impartido a cada uno de ellos: “Estudien, prepárense académicamente y cuando llegue el tiempo ustedes puedan servir mejor al Apóstol de Jesucristo” –les decía el expositor a una muchedumbre que ya abarrotaba también los amplios jardines que sirven de atrio en ese lugar.

 

Inicia la caminata

A las seis de la tarde y entonando el himno n.373, “Nítido rayo por Cristo”, inició la caminata, encabezada por los trompeteros, seguidos por el Coro de Ministros. Apenas habían salido los primeros caminantes infantiles cuando el Apóstol del Señor salió al balcón de su casa, frente al templo, para contemplar la pasarela. Visiblemente emocionado, dijo: “¡Qué hermoso es ver a la niñez de la Iglesia del Señor!… han sido entrenados para que cuando lleguen a la mayoría de edad, también puedan decir: ‘Mi tiempo ha llegado’”.

La tarde nublada permitía perfectamente alzar sus rostros hacia el balcón desde donde el Apóstol de Dio se dirigía a ellos para dar indicaciones: “Los niños en las orillas y las niñas en medio. Levantemos nuestras manos y digamos: ‘YO SOY LA LUZ DEL MUNDO’”.

Al pasar el primer grupo de banderas conquistadas para Cristo, refirió la historia del pueblo de Israel, cuando cada tribu subía a Jerusalén e iba representada con la bandera correspondiente: “Cada uno de ustedes representa a las tribus de Israel. Dios los bendiga niños, sus gritos inundarán el mundo entero y el mundo dirá al oírlos: PODEROSO PUEBLO ES ESTE. Hijos de la Elección de Dios, Dios los engrandezca”.

La niñez enardecida por el espíritu valeroso que les transmitía el joven Apóstol, gritaban a voz en cuello con voces que no correspondían a su edad. “Yo soy vuestro –dijo el Apóstol– y peleo esta batalla espiritual por ustedes y el día de mañana ustedes pelearán la misma batalla por Cristo”. Esas frases emblemáticas parecían llenar de valor a una niñez que de un tiempo a la fecha ha dado muestras claras de haber sido abarcada por el Manto de la Elección.

 

Exigencia divina

Plenamente consciente de la Obra de Dios en los corazones de los pequeños, el Siervo de Dios preguntó: “Niños: ¿tienen miedo decir que son de La Luz del Mundo?,  un NO rotundo y sonoro fue la respuesta de los infantes. “Cuando les pregunten: ¿y ustedes quiénes son? ¿Se dónde vienen? ¿Qué predican? Ustedes dirán: ‘Soy de la Iglesia del Dios Vivo Columna y Apoyo de la Verdad. YO SOY LA LUZ DEL MUNDO” Y añadió: “Así que siempre se vean decididos, desde pequeños sepan que en ustedes tengo una grande reserva”.

Enseguida pidió invitó a cantar el himno n. 272 , que dice en su letra: “Israel es una Iglesia imponente, Israel es un rebaño potente, porque el que los guía es fuerte…”, y volteó hacia la calle transversal para dirigirse a los padres apostados en ese lugar, quienes observaban el paso de sus hijos: “Mira a tus hijos…”; los padres se emocionaban ante sus palabras y levantan al unísono sus manos empuñadas. “Sabéis que la niñez desde el principio es santa por Dios… y que Él garantiza su salvación”, y pidió entonar el himno n. 325, “Los niños son de Cristo”.

La bendición de Dios para ese momento  simplemente era ya incontenible, ejércitos y ejércitos de niños y niñas por igual que no terminaban de pasar frente al Apóstol. Una obra indescriptible, inenarrable, apenas y para la gente de fe, UNA OBRA PERFECTA que solo Dios puede hacer en los corazones. “Yo no veo solamente a miles de niños, yo veo a miles de almas que van a venir, porque ellos conquistarán a las naciones”, señaló. Una profecía que tendrá su cumplimiento tal como lo prometió Dios.

 

Sois nuestro orgullo

Refiriéndose a los niños, les dijo: “Por eso les decimos en esta caminata –incluyó a los padres–: ‘sois nuestro orgullo, sois las huestes del Señor que ya se están preparando, sois el cumplimiento de la promesa que Dios le hizo a su hermano, porque en ustedes veo cumplida aquella promesa”. En ese momento uno de los niños, con una voz que imprimió sobre los demás, clamó con llanto incontenible: “Varón de Dios, lo amamos, nuestro corazón es suyo” y volteando hacia él, la apostólica respuesta fue: “Mi corazón es tuyo también”.

Tras casi cuarenta minutos de desfile y ante la interminable columna de caminantes, el Varón de Dios se despidió de ellos para irse a la colonia Hermosa Provincia (lugar donde culminaría la caminata) a esperar su arribo. Eran las 6:39 de la tarde de una gloriosa tarde de jueves para los niños del pueblo de Dios.

 

El proceso

Cabe destacar que durante el recorrido, los niños tuvieron todos los auxilios necesarios; desde las autoridades viales para los cortes de circulación hasta la asistencia de los ministerios de Protección Civil y Salud y Bienestar Social que con módulos de agua, suero, fruta, etcétera, atendían a los niños que lo necesitaran. Por su parte, los módulos de salud contaban con médicos, paramédicos y enfermeras y que, gracias a Dios, no fueron necesarios ya que la niñez llevó a cabo su caminata con toda seguridad.

Al llegar a la colonia Hermosa Provincia, todo estaba dispuesto para su recepción: el templo Sede Internacional y la Calzada Samuel Joaquín Flores estaban totalmente desocupados y en la Glorieta Central se había desocupado un espacio para su acceso a la Casa de Oración.

Eran cerca de las ocho de la noche cuando empezaron a arribar los primeros niños, cuando el Apóstol de Dios salió al balcón de su casa para darles la bienvenida en medio de gritos desbordados de júbilo y bendiciones en ambas direcciones.

Después de más de una hora de constante arribo infantil, cuando el templo, la calzada y la glorieta central estaban totalmente abarrotados, el Ungido de Dios encaminó sus pasos al interior del colosal santuario, en medio de un tumulto de corazones limpios, agitados por el Espíritu Santo que se hizo presente en ese lugar con la presencia del Hombre de Dios y tomó su Ministerio para dirigirse a la Iglesia presente: “Los niños no son el futuro de la Iglesia, no; ellos son el presente de la Iglesia… A mí me consta que ellos también han evangelizado”, y dirigiéndose a ellos expresó: “Niños: los he visto en las redes sociales, los he visto cantar en los servicios, en los malecones y en las plazas. Por eso yo te tengo una palabra: ¡Qué orgulloso me siento de ti!”. En ese momento se oye literalmente un estruendo sonoro que retumbó en toda la colonia y más allá –refieren los hermanos vecinos.

 

Un nuevo mandamiento

En una inspiración divina, el Apóstol de Jesucristo dio un nuevo mandamiento: “Desde este momento, esta palabra queda establecida en el Cuerpo Ministerial: que a partir de hoy la niñez cuente como membresía de la Iglesia del Señor, aclarando que cuando un matrimonio trae a su hijo de cuarenta días de nacido a presentar delante de la Iglesia, una de las preguntas que se hace a la misma, es: ¿La Iglesia del Señor acepta a este pequeño como un miembro más de la Iglesia de Cristo? Y la Iglesia responde afirmativamente porque ellos (los niños) también cuentan.

 

El pacto

Así, lleno de júbilo espiritual, el Apóstol de Jesucristo expresó: “No puedo decirles yo te voy a bendecir porque Dios ya te ha bendecido: sois una niñez bendecida por Dios”, y con una visión futurista en el cumplimiento de la promesa que Dios le hizo aquel 8 de diciembre de 2014, de acrecentar el pueblo de manera inimaginable, procedió a hacer un pacto con ellos: “Cuando tu recibas diplomas, reconocimientos en tu escuela, en la cultura, el deporte y te pregunten qué te mueve a ser el mejor, tú dirás: ‘Me ha movido un Apóstol de Jesucristo; la Iglesia del Dios Vivo me ha enseñado a ser el mejor”.

Poco antes de despedirse, expresó: “Yo quería que tus padres sintieran el orgullo y esta necesidad –los niños gritan–. Sus gritos me confirman que así como han caminado por estas calles, así caminaran por todo el mundo”, y enseguida preguntó: “¿En verdad creen que su hermano Naasón es Apóstol de Jesucristo? –el templo retumba en un sonoro Amén–. Entonces yo te invito que hagamos un compromiso con Dios: Que cuando tu cumplas 18 años, tu vengas al templo a decirle al Señor: SEÑOR: MI TIEMPO HA LLEGADO”.

Se hizo este compromiso con la alabanza n. 219, “Firmes y adelante”, y selló el pacto con una oración en la que el Espíritu Santo se derramaba entre la multitud de potenciales guerreros de la fe, ahora comprometidos con la causa de Cristo. “Hoy mis ojos ven esa promesa cumplida en ti, niñez de la Iglesia… ¡QUE TIEMBLE EL AVERNO Y QUE SE LLENE DE PAVOR, PORQUE ESTA NIÑEZ SE ESTÁ PREPARANDO!” –concluyó el Apóstol de Jesucristo.

La imagen final es la de un ejército imponente con sus manos levantadas, en señal de triunfo, y las palabras del Apóstol del Señor: “Adonde yo vaya voy a dar testimonio de ti: detrás de mí va una juventud valiente, pero detrás de esa juventud, va una niñez más valiente. Que Dios los bendiga”.

Así, entre abrazos simbólicos y bendiciones a raudales, salió del templo en un ambiente simplemente inenarrable.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.