«¿Quieres saber si tienes esa fe viva? Mira tus obras, escudriña tus palabras y considera tu actuar»: mensaje apostólico en Puerto Vallarta, Jalisco

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El domingo 29 de octubre, en la que fue su presentación en el estado de Jalisco —penúltima entidad visitada en el marco de la undécima etapa de su gira universal—, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, se presentó en el Centro Internacional de Convenciones de Puerto Vallarta, Jalisco, ante más de siete mil hermanos —y un numeroso contingente de visitas— de la zona costera de Jalisco y Nayarit.

 

Sinopsis histórica

En 6 de abril de 1971, el Apóstol Samuel Joaquín envió a Puerto Vallarta al hermano Roberto Salazar Sánchez, para hacerse cargo del matrimonio formado por el hermano Antonio Gutiérrez y su esposa Raquel, quienes por cuestiones de trabajo habían cambiado su residencia a este lugar.

Luego de un año, se efectuaron los primeros bautismos, oficiados por los hermanos diáconos Octavio Herrera y Filiberto Basilio. En ese entonces, se congregaban en la casa del hermano Antonio, ubicada en la Isla de Las Canoas, que se encuentra en el Río Cuale, donde sufrían constantes inundaciones durante las temporadas de lluvia, hasta que el Apóstol Samuel les indicó que se salieran de ese lugar.

El hermano Roberto, con ayuda del hermano Antonio y su sobrino Isidro (un joven recién bautizado), buscaron al señor Ignacio Cibrián, quien era dueño de un terreno grande, con el propósito de negociar con él la compra de un predio dedicado para la construcción de un templo y de vivienda digna, para los pocos hermanos que había y los que se fueran añadiendo a la Iglesia. Hoy, después de cuatro décadas, con el granito de arena que cada ministro aportó, siguiendo en todo tiempo las instrucciones apostólicas, y la iglesia vallartense, en la colonia Hermosa Provincia se ubica el templo sede del turístico puerto.

 

Arribo del Apóstol de Jesucristo al Centro Internacional de Convenciones

Desde las ocho de la mañana, en el Centro Internacional de Convenciones estaba todo organizado para el evento: el Coro del estado de Jalisco —con un agregado de Bahía de Banderas, Nayarit—, y el Coro de Niños del estado de Jalisco; los médicos, paramédicos y enfermeras; el Cuerpo de Protección Civil de la Iglesia La Luz del Mundo; la Comisión de Acomodo Eclesiástico y Protocolo, cuyos integrantes llevaban como distintivo un listón rojo, además de los diversos apoyos del gobierno del estado y el ayuntamiento vallartense.

Conforme fueron llegando vehículos y autobuses de las distintas iglesias convocadas, el Centro de Convenciones, con capacidad para seis mil personas, se fue llenando en su totalidad. A las nueve de la mañana, el director del coro del estado, Joel Gutiérrez Barrera, invitó a los hermanos a hacer una oración para poner su corazón y sus voces en las manos de Dios porque darían inicio a su servicio de alabanzas. Los hermanos integrantes de ambos coros con singular fervor doblaron sus rodillas e hicieron una hermosa oración para que Dios fuese con ellos en su cantar.

Enseguida fueron secundados por el Coro de niños, dirigido por la hermana Josabet García, quien inició su participación con el himno “Bendita la roca”, logrando que la Iglesia se encendiera aún más y respondiera a sus voces perfectamente ensambladas.

Poco antes de las diez de la mañana, ingresaron al Centro de Convenciones autoridades e invitados especiales. Entre otros, el ingeniero Arturo Dávalos, alcalde de Puerto Vallarta; el doctor Jaime Cuevas Tello, alcalde de Bahía de Banderas y la maestra Candelaria Tovar, presidenta del DIF de Puerto Vallarta.

El reloj marcaba las 10:00 de la mañana, cuando el hermano P.E. Jesús García subió al estrado y tomó el ministerio para invitar a los hermanos a elevar una oración de Acción de gracias por el momento que había llegado. Al término de dicha oración invitó a todos los reunidos a entonar el himno n. 270, “Iglesia Santa”, enfatizando su tercera estrofa: “Bendita Iglesia, de bien estás dichosa porque disfrutas de Dios gran bendición, que te alumbra la luz del Evangelio…”.

Tras haber orado por el Apóstol de Dios, el pastor pidió al Coro de Jalisco que cantara el segundo himno de la consagración, pero justo en ese momento, cuando el reloj marcaba las 10:28 de la mañana, el Apóstol Naasón ingresó al pletórico auditorio. Recorrió el pasillo que conducía al estrado principal preparado para él, mientras saludaba a la Iglesia .

 

Bienvenida

Al llegar a su ministerio, dobló sus rodillas para darle la gloria y la alabanza a Dios, juntamente con todos los reunidos. Al término de la oración todos los presentes comenzaron a entonar el himno preparado para su bienvenida: “Bendito regalo”, que narra el júbilo de la Iglesia vallartense al tener entre ella al Apóstol de Jesucristo y poder contemplarlo cara a cara.

Posteriormente, el hermano P.E. Eliezer Gutiérrez, ministro de la Iglesia de Puerto Vallarta, dio la bienvenida al Apóstol del Señor haciendo referencia a libro de Salmos 20: “Estos confían en carros y aquellos en caballos, más nosotros en el nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria…”. En un paralelismo con la realidad que actualmente se vive en la sociedad, le dijo: “Hemos aprendido que aunque nos quiten todas las pertenencias, vivimos confiados en Dios y nuestro destino está seguro…Hoy sabemos que nuestra esperanza no se limita a cien años; es nada menos que la vida eterna… hoy estamos felices de tenerle con nosotros, Mensajero de la verdad… a nombre de mis hermanos, conciudadanos del cielo, le decimos: ‘Sea bienvenido a esta tierra, Santo Apóstol del Señor'”.

Enseguida, el Apóstol de Jesucristo inició su mensaje: “Hermanos de las costas de Jalisco y de Nayarit: la abundante paz de Dios y la comunión de su hijo Jesucristo moren en vuestros corazones y de todas aquellas personas que de buena fe hoy nos están honrando con su presencia. ¡Qué hermoso recibimiento me habéis dado! Mi alma lo siente y mi corazón lo disfruta, en el amor y la voluntad de Dios, pero el Señor lo sabe, nada tomo para mí mismo, sino que, de todas las cosas, como la honra, la gloria y la alabanza, las dirijo al Rey de reyes y Señor de señores, y entonces digo: ‘A Jesucristo sea la gloria, desde ahora y para siempre’”.

Este día, dijo, veía cumplidas las promesas de Dios a su Elección, tal y como se lo prometió el 8 de diciembre de 2014, cuando el Altísimo le dijo: “Si hoy ves a este Pueblo grande, yo lo voy a engrandecer mucho más…”, promesa que se evoca en uno de los himnos: “Y miro en este mundo brillar nuevas auroras y pueblos que se rinden al nombre de Jesús…”.

Luego del emotivo saludo, invitó a los presentes a cantar la alabanza n. 509, “Si oscura fue mi vida…”, y agregó: “Porque tú eres esa antorcha que va conquistando las almas…”. Al término del canto, invitó a que tomaran sus asientos e inició con su exposición doctrinal.

 

Edificar cada día a la Iglesia: encomienda apostólica al Cuerpo Ministerial

Recordó que esta mañana reanudaría el tema de la fe, que inició el domingo 22 de octubre en el puerto de Manzanillo, Colima. En esa ocasión, habló que existe tres tipos de fe: la fe histórica, la fe que sana y la fe para salvación y vida eterna. “Sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6), recordó. Por ello, todas las actividades que lleva a cabo la iglesia son impulsadas por la fe viva, hasta el día en que, despojados de este cuerpo, ya no sea necesaria la fe.

Esta mañana, el Apóstol del Señor manifestó su deseo de ampliar el conocimiento en cuanto a la fe. Pidió a los ministros que continúen alimentando a la Esposa de Cristo, que es la Iglesia, con explicaciones que abunden sobre la fe y que, a su vez, este conocimiento se comparta con las visitas que asisten a los diferentes templos de la Iglesia, a quienes deben buscar, procurar y darle seguimiento a la Obra que Dios ya ha iniciado a sus corazones, y agregó: “Esa visita que hoy nos honra con su presencia no viene por curiosidad, sino porque Dios ya la tenía en su plan y pone un medio para que ellos vengan a este lugar y conozcan la verdad de Cristo”.

 

La fe viva: tema central (segunda parte)

Enseguida, reanudó el tema de la semana pasada: “En Manzanillo, hablé de la fe, su origen y su objetivo… y que es un don de Dios –un regalo–, que el hombre no la puede adquirir por si mismo, ya que esto únicamente le corresponde a Dios. Él la da, no al que quiere ni al que corre, sino a aquel de quien tiene misericordia. ¡Dichosa eres Iglesia de Dios, porque en el Señor engendró en ti esta hermosa fe!”.

En primer lugar, recordó el testimonio de Lidia, quien al oír la Palabra de Dios directamente del Apóstol Pablo, el Señor abrió su corazón (v. Hechos 16:13-15). Lidia –explicó el Apóstol– tenía una forma personal de adorar a Dios, pero al escuchar la palabra apostólica, que anunciaba una forma diferente de adoración, en ese momento ocurrió algo maravilloso en el corazón de la mujer, que el ojo humano no puede observar porque está sucediendo en el alma: “Dios estaba sembrando la fe en el corazón, por oír la Palabra de Dios.

El Apóstol Naasón Joaquín expresó que aunque Lidia tenía una forma particular de adorar a Dios, al escuchar la Palabra viva y entender que estaba equivocada, aquella mujer cree, y al creer, esa fe de Dios, que es viva, produjo su primer fruto: Lidia bajó a las aguas del bautismo.

Lidia, después de su bautismo, expresó: “… si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa y posad, y nos obligó, a quedarnos…” (Hebreos 16: 15). El Siervo de Dios destacó que Lidia no conocía al Apóstol Pablo ni a los hermanos que iban con él y, sin embargo, aquella fe que nació en ella le impulsó a abrir las puertas de su casa y rogarles que le permitieran atenderlos, porque esa es la señal de la fe que viene de Dios: produce obras.

Luego de su conversión, Lidia dejó de lado la idea de quien no tiene conocimiento y dice: “A Dios no se le sirve como yo quiero ni en el tiempo que me quede libre: le sirve como Él ya lo ha establecido…”. entonces aquella mujer cree y al creer, esa fe de Dios que es viva, produjo el primer fruto de la fe que es bajar a las aguas del bautismo y se bautizó. Así lo dijo en Talca, Chile el 15 de enero de 2015: “Donde hay palabra de Dios, nace la fe, donde hay fe abundan las obras y donde abundan las obras, hay prosperidad”.

 

Diferencia entre la fe de Dios y la fe “silvestre”

Así como Lidia, es el proceder de todo aquel que recibe el don de la fe de Dios. Una vez que esta nace y crece en el corazón, por medio de oír la Palabra de Dios, comienza a producir obras. Esa es la diferencia entre la fe viva y la que se denomina fe “silvestre” o “natural”, que nace sola o de la necesidad de creer en algo.

Enseguida, el Apóstol de Jesucristo expresó: “La gran diferencia entre ambas, es que la fe viva se manifiesta en dar, se desarrolla con trabajo y se demuestra por las obras –trabajando y actuando–, mientras que la fe ‘silvestre’ solo pide, solo exige, solo busca a Dios para que Él le dé, pero no para darle la gloria que a Él le corresponde; por eso se vuelve una fe egoísta, una fe pasiva, una fe muerta”.

Más adelante, recordó que quienes en su momento siguieron al Señor Jesucristo porque los sanó del alguna enfermedad o les hizo algún milagro, cuando el Hijo de Dios comenzó a predicarles la doctrina (su verdadera misión), se comenzaron a apartar de él. No lograron entender que más importante que la sanidad material, era la Palabra que trae vida eterna para el alma.

Y añadió: “La Palabra de Dios engendra la santísima fe en el creyente y garantiza la hermosa esperanza que tú y yo albergamos, de un día vivir a la diestra de Dios y Padre por toda la eternidad… Por eso se llama fe viva, porque nos sirve para darle la gloria a Dios, mientras que la fe ‘natural’ o ‘silvestre’ solo pide un milagro, riqueza, poder, grandeza humana… pero no para darle la gloria a Dios, si no para la satisfacción de la misma carne”.

A continuación, se leyó el siguiente pasaje: “Hermanos míos, de qué aprovechara si alguno dice que tiene fe y no tienes obras, así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma, pero alguna dirá, tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame tu fe sin obras y yo te mostrare mi fe por mis obras” (Santiago 2:14-18).

Luego de esta lectura, el Siervo de Dios expresó: “¡Qué hermoso es comprender lo que el Espíritu de Dios nos dice!”, y recordó el ejemplo de aquellos que cuestionaban al Señor Jesucristo, acerca de su identidad espiritual: “Le preguntaron al Señor: ‘Dinos ya, si eres tú el que has de venir. ¡Haznos una maravilla!’, a lo que el Señor respondió:´Ahí están mis obras… ellas son las que dan testimonio de mi´. La fe viva, entonces, se demuestra con obras”.

 

En la Iglesia de Cristo, las reglas las establece Dios

En su prédica, el Apóstol de Jesucristo resaltó que quien tiene la fe “silvestre” o “natural”, piensa que con creer es suficiente, y ya no necesita nada más; por eso, los falsos predicadores le dicen a su feligresía que “levanten la mano para ser salvos”, y que, incluso, no es necesario acudir a la Iglesia a escuchar la palabra; solamente con leer la Biblia en sus casas. Piensan que al no tener vicios se van a salvar. Que es suficiente con ser una buena persona: “Yo no bebo, no soy alcohólico, no soy libertino, vivo muy tranquilamente…”.

En este tenor, citó el testimonio de Cornelio, donde queda de manifiesto que las obras pías que este Centurión observaba no le eran suficientes para ser salvo; fue necesario que buscara al Apóstol Pedro para alcanzar la salvación de su alma. A pesar de que él aseguraba que adoraba a Dios, lo hacía a su manera y no como era la regla establecida. A Cornelio, el Ángel de Dios le dijo en una visión que el Apóstol Pedro le diría lo que era necesario hacer para agradar a Dios, a fin de alcanzar la salvación de su alma (v. Hechos 10).

Enseguida, el Apóstol del Señor añadió: “Hay una fe que es muerta en si misma, porque no tiene obras, y de esta fe está lleno el mundo religioso. ¿Quieres saber si tienes esa fe viva? ¿Quieres saber si Dios te dio la fe como un don de Dios? ¿Quieres saber si tu fe es verdadera de Dios? Mira tus obras, tu trabajo, escudriña tus palabras y considera tu actuar”.

 

La obediencia: el primer fruto de la fe

Más adelante, recordó que la Arquidiócesis de Guadalajara, en octubre de 2004 celebró Congreso Eucarístico Internacional), en la capital de Jalisco, el cardenal tapatío de ese entonces quiso emular las obras de fe de los hermanos, quienes durante el mes de agosto albergan en en sus casas a miles de peregrinos que, de diversos países, acuden a la Santa Cena.

En contraste con la Santa Convocación, el evento católico no dio los resultados esperados: cuando los feligreses abrieron las puertas de sus hogares, algunos de ellos fueron despojados de sus pertenencias. A pesar de tratarse de un evento religioso, entre esa feligresía no se tienen la fe de Dios. “¡Qué diferencia cuando llegas a la casa de tu hermano y encuentras un letrero que dice: ‘Bienvenido seas hermano, te estaba esperando’, acotó el Embajador del reino de los cielos en relación con la diferencia que existe entre las obras de la fe de Dios y la fe “silvestre”.

En este tenor, el Apóstol de Jesucristo invitó a meditar en la siguiente lectura: “Por la fe Abraham, cuando fue llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba”. (Hebreos 11:6). Con este pasaje destacó el lugar que ocupa la fe de Dios en el corazón del creyente. Esta es la que lo mueve, lo hace obrar y le insta a obedecer: “La fe viva forma a un cristiano ferviente, le permite que se entregue a Dios de todo corazón y le sirve íntegramente, por eso el primer fruto de la fe es la obediencia”.

 

Consejo a la juventud y niñez de la Iglesia

En otro moemnto, el Apóstol de Jesucristo invitó a la juventud a analizar su la fe, a fin de que esta no sea una “fe fingida”, e invitó a leer el siguiente pasaje: “Trayendo a la memora la fe no fingida que hay en ti, la cual también habitó en tu abuela Loida y en tu madre Eunice…” (2 Timoteo 1:5). Explicó que la fe viva que había en Timoteo no fue una fe que su madre y su abuela le hubiesen “heredado”; le fue necesario también oír la Palabra de Dios, y ese cuidado sí lo tuvo su madre, ya que el padre de Timoteo era griego.

En este sentido, agregó: “Aun el que nace en la Iglesia necesita oír la Palabra de Dios”. Así como en el caso de Timoteo, llegó el momento en que su madre tuvo que sentarlo y explicarle con detalle porqué lo había enseñado a orar, a escuchar la palabra de Dios, a leer las Sagradas Escrituras… porque había llegado a una edad en que sus conocidos, quienes no profesaban esta fe, lo iban a invitar a hacer actos contrarios a la voluntad de Dios, y el joven necesitaba saber porqué él no corría en el mismo desenfreno que los demás.

El Apóstol explicó que cuando a los hijos de los hermanos les pregunten “¿Por qué no fuman?”, ellos sepan responder: “porque nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo” (v. 1 Corintios 6:19). Que defiendan su fe con entendimiento. En este sentido, recordó que toda institución tiene sus reglas: cuando las personas ingresan a un avión o a un banco, hay letreros que advierten que dentro de esas instalaciones está prohibido fumar. No le prohíben fumar a quien fuma; lo que le prohíben es fumar dentro de sus instalaciones. Así, en la Iglesia del Señor, es Dios quien establece sus reglas”.

Enfatizó de manera categórica que en la Iglesia La Luz del Mundo “se nos enseña a razonar, a comprender y a entender nuestra fe”, para que el joven y la señorita sepa el porqué de lo que hace, de manera razonada, y no diga: “porque mi padre me obliga… porque en la Iglesia no me dejan practicar tal acto…”. Hizo la petición anterior a los padres, para que enseñen a sus hijos que la fe verdadera no se transmite por tradición, porque entonces sería una fe fingida. “El que tiene la fe fingida también usa la Biblia y el Himnario… también canta y habla de la Elección… pero lleva una doble vida… A la Iglesia llega con su himnario, pero sale de ahí y hace las obras del mundo…”, señaló.

Recordó el magno evento que tuvo lugar el pasado 13 de agosto, en el que se reunieron cien mil jóvenes de la Iglesia en la Glorieta Minerva de Guadalajara, quienes expresaban, con seguridad y convicción, “En esta fe queremos vivir”. Enseguida, expresó: “Naasón Joaquín García, Siervo y Apóstol de Jesucristo. A los que habéis alcanzado una fe igualmente preciosa que la nuestra. Por eso nos llamamos los hijos de la fe”.

En otro momento, invitó a leer el siguiente pasaje: “Pero vosotros amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe” (Judas 1:20), del que comentó: que, primero, esa fe santísima se debe cuidar, conservar y hasta contender por ella, si es necesario: evitando las malas compañías, la falsa confianza, la falta de oración y los chismes, que causan enorme daño a la fe y, en segundo lugar, compartiendo esta fe con las almas que necesitan de ella. En suma, “significa cuidarla y hacerla crecer”.
Concluyó con un ejemplo acerca de la necesidad del agua y el sol para que las plantas puedan llevar a cabo la fotosíntesis: “Esa agua, para la fe, es la Palabra de Dios y ese sol es Cristo”.

 

Despedida

Para despedirse, el Apóstol de Jesucristo pidió al Coro de Jalisco que entonara el himno “Despiértate y viste de sol”, que en sus estrofas habla de la fe que gozan los hijos de Dios: “Un Señor, una fe, la Elección y un solo bautismo, esta es la Iglesia de Cristo y un Apóstol que trajo a nosotros su santa verdad”.
Al término del canto, recordó que el 23 de octubre de 2015 –justo hace dos años–, el huracán Patricia auguraba destrucción en las costas de Colima, Jalisco y Nayarit –estados que comprenden la undécima etapa de la Gira Apostólica Universal–.

Ese día, el Apóstol de Jesucristo se encontraba en la República de El Salvador, cuando fue notificado de este meteoro de dimensiones históricas, que, a una velocidad de más de 300 kilómetro por hora, según los científicos, arrasaría con las citadas costas.

Mencionó que el mismo día que fue notificado, regresó a Guadalajara, donde, junto con la Iglesia de Hermosa Provincia, y a través de internet con la iglesia esparcida por el mundo, oró toda la noche y parte de la madrugada. Por esa fe viva de la Iglesia del Señor, le dijo a Dios como Abraham le pidió de su intercesión por su sobrino Lot, quien se encontraba en Sodoma cuando esta ciudad iba a ser destruida: “¿Destruirás al justo con el impío?”…

En su oración en Guadalajara, que tuvo lugar durante la oración de seis de la tarde, el Apóstol de Cristo oró: “Allá tienes miles de hijos. Si es tu voluntad, líbralos del peligro”, y Dios obró maravillosamente: desvió el huracán y se regresó al mar, porque también los vientos y el mar son ejércitos de Dios. “Dice el hombre: ‘Fue casualidad, tuvimos suerte…’; no hallan una explicación lógica. Yo sí tengo una explicación: ‘Mi Dios nos libró. Nos tomó en el hueco de su mano y ahí es donde hemos estado’.

“Yo me voy muy contento de este lugar y quiero pedirle a Dios que te siga cuidando y protegiendo…”. Pidió a la Iglesia no olvidarse de orar por las autoridades que gobiernan los países, los estados y las ciudades para que Dios los ayude a llevar la mejor administración en sus respectivas encomiendas.

Al final, el insigne visitante invitó a la Iglesia a elevar una oración de acción de gracias y de adoración al Creador. Para despedirse, expresó: “Puerto Vallarta y Bahía de Banderas: he estado muy feliz con vosotros. Espero en un día no muy lejano volver a vosotros. Hasta entonces, que la paz de Dios nuestro Padre y la gracia de su Hijo Jesucristo quede en cada

El reloj marcaba las 12:28 de la tarde cuando el visitante distinguido se despidió de sus hijos en la fe, en esta singular fecha, la cual ha quedado registrada en los anales de la historia del turístico puerto.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.