Reanuda el Apóstol de Jesucristo la décima etapa de su Gira Universal

¡Guerrero, heme aquí!

(Coordinación de Crónica Apostólica) — Con grande júbilo y alegría, el jueves 18 de mayo la Iglesia de la Colonia Progreso, en el Puerto de Acapulco, Guerrero, recibió al Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, en el interior del templo.

Los hermanos se encontraban reunidos en su oración de nueve cuando llegó el Siervo de Dios, entre exclamaciones de gozo y dando la Gloria al Señor, lo miraron tomar su ministerio para saludarlos y orar para agradecer a Dios ese bello encuentro. Externó su conocimiento sobre la situación que vive el estado y, recordó las palabras que Labán dijo a Jacob cuando quiso partir, después de tantos años de servirle por la mano de su hija: “No te vayas, porque he visto que Jehová me ha bendecido a causa de ti”. Remarcó que ese mismo Dios es el mismo al que ahora la Iglesia sirve: “Sé que anhelabas verme y yo también a vosotros, y si mi presencia viene a traer paz a este lugar… viene a traer bendición. ¡Guerrero, Heme aquí!”.

Manifestó también su sentir al estar con ellos y pedirle al Señor que derrame de sus bendiciones para que su paz reinara en ese Estado. La invitación que habían hecho de compartir el pan y la sal juntos lo hicieron llegar esa mañana, recordó cuando la Iglesia, aún pequeña, recibían al Apóstol de Jesucristo Samuel Joaquín. Con esa misma fe, reconocimiento y amor, la Iglesia ahora también se esmeró para recibirle. “Hermano de Acapulco, yo quiero comer de tu mano para que Dios a ti también te bendiga”.

“Con alegría puedo decir: Heme aquí, vuestro en Cristo hasta el último aliento. Feliz de estar en este lugar. Lugar hermoso de mis recuerdos”.

Acompañado de varios ministros invitados a la continuación de su 10º etapa de la Gira Universal, comentó la satisfacción que experimentaba al encontrase en ese lugar, de donde había escuchado lamentos de dolor y de angustia de su pueblo. Por lo mismo indicó a los ministros que en sus explicaciones remarcarán la confianza, la seguridad que Dios da a los suyos.

Mencionó al pueblo de Israel cuando cruzó el mar, que sin duda hubo miedo en ellos al verlo imponente detenido a sus dos costados mientras cruzaban ellos en medio de él. Así el pueblo de Dios actual, está caminando en medio de un mar de violencia, pero con el poder del Creador separando las aguas para que puedan pasar por lo seco. Incitar a la Iglesia a buscar una vida honesta de servicio lo cual, como lo mencionó en la exhortación del Año Nuevo, es garantía para la bendición de Dios en ellos.

“No nos apartemos ni adiestra ni a siniestra, solamente obremos con rectitud para que Dios garantice su protección en nosotros. En otro momento volvió a recordar las promesas que Dios le hizo aquél memorable 8 de diciembre, “si ves a este pueblo grande…”, promesa a la cual invitó de nuevo a estar a la altura de ellas a través del trabajo espiritual pero también material.

Explicó que parte del trabajo de evangelización es dar testimonio de cómo hizo Dios la obra en sus corazones. “El testimonio es una fuerza,-dijo- es una espada que penetra el corazón de las personas”.

Señaló que la palabra de Dios no es la letra. La palabra de Dios es Espíritu. Es potencia de Dios. Cuando el Apóstol de Jesucristo, Aarón Joaquín llegó a predicar a Tijuana, con un solo razonamiento desbarató toda una serie de textos de un hombre que predicaba que solo se debían a la Ley. “La letra mata pero iba el que llevaba el espíritu de Dios –refirió-, ese espíritu es potencia. Es poder, es el que transforma realmente los corazones”.

Para despedirse dio unas palabras a los ministros a los que envió a los diferentes lugares donde se ha establecido la Iglesia de Cristo en Acapulco y sus alrededores: “Que Dios los ayude. Les ponga virtud, sabiduría y que su poder vaya a través de sus labios… más que la letra vaya el Espíritu de Dios, salga por medio de sus labios para que lleven la confortación, el consuelo, la fortaleza de la Iglesia, pero también la confianza y la esperanza de que Dios seguirá cuidando de su pueblo”.

 

“Alegrémonos, gocémonos, somos el pueblo de Dios”

Junto con los pastores Octavio Herrera y Jorge Vázquez, responsables del estado, su esposa la hermana Alma y la Diaconisa Eva García, recorrió la Casa que anteriormente había sido para atender al Apóstol Samuel Joaquín y de la que tiene varios recuerdos. El coro de niños estuvo cantando alabanzas a su salida, dos pequeños le llevaron un presente y a los cuales les dirigió unas palabras de aliento, como representantes de la fuerza de la Iglesia, dijo eran brazos para su Ministerio y que a su regreso esperaba verlos ya como jóvenes dispuestos ya para salir a la batalla.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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