Saludo Apostólico a la Iglesia de Guadalajara

El 26 de Julio, al término de la Escuela Dominical –que fue presidida por el hermano P.E. Bartolo Rojo–, el Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García, desde el balcón de su casa, saludó y dirigió un emotivo mensaje a los hermanos de Hermosa Provincia, quienes escucharon atentos la palabra Apostólica desde los atrios y las calles aledañas a la Casa de Oración.

Después de concluir la tercera etapa de su Gira Universal Apostólica por Europa, iniciada a fines de mayo y finalizada en julio, el Apóstol del Señor externó su alegría al contemplar de nuevo el rostro de la bendita Iglesia del Señor.

Mi corazón ardía por volver a este cuartel general

En sus primeras palabras, el Apóstol del Señor destacó la alegría de contemplar la hermosa firmeza que Dios le ha dado a la Iglesia. Y agregó: “Mi corazón ardía de volver a este cuartel general donde está la Iglesia de Guadalajara, lista y preparada para recibir a la Iglesia Universal que pronto llegará a nosotros”.

Recordó algunos testimonios vividos en las últimas semanas: “He regresado de mi tercera etapa de mi Gira Universal y vosotros habéis sido testigos de que Dios nos ha llevado de triunfo en triunfo; y digo nos ha llevado porque no solamente es su hermano Naasón: También a la Iglesia Dios la ha llevado de triunfo en triunfo.

“Es muy hermoso ver esa fe y fortaleza que la Iglesia ha demostrado […], contemplar cómo el Señor ha ido perfeccionando esta hermosa obra. Hubiera querido satanás haberla destruido […], introducir diferentes pensamientos para que no hubiera esta unidad; pero creo que hoy puedes decir con toda satisfacción: Se encuentra el Ungido de Dios elegido, el que nos ha unido, el que sigue uniendo, porque es un eslabón perfecto entre esa unidad con Dios, con Cristo, con la Elección y con la Santa Iglesia del Señor.

Recibimiento al Apóstol Naasón Joaquín en el Estado de California

Después del emotivo saludo, el Apóstol de Jesucristo recordó su pasada presentación en el Convention Center de Anaheim, California: “Hoy vengo con mucha alegría y satisfacción de saber cómo Dios ha obrado en el corazón de la Iglesia. Me presentaba en Anaheim, con toda la Iglesia del Estado de California. Una Iglesia que también ha sido muy próspera y que en aquel lugar no pudieron caber en un solo recinto, tuvieron que adecuar otro para acomodar la grande multitud que asistió a la Iglesia del Señor”.

Continuó su testimonio: “Ese día, por la mañana, estaba nervioso porque le decía a las hermanas: ‘Esta es una Iglesia donde yo estuve pastoreando: Aquí me conocieron los hermanos, aquí me veían, a algunos de ellos les llamaba la atención […], porque fui su encargado, su diácono, su pastor, en su momento su pastor distrital y posteriormente su jurisdiccional –conforme el Varón de Dios me iba dando esas bendiciones–, y decía: Ahí voy a ver al hermano que alguna vez yo regañé o que en algún momento reprendí […]. Cuando los vea, ¿Cómo los voy a ver? ¿Me mirarán con un poquito de recelo o resentimiento, porque en algún momento por una acción que hicieron tuve que ser áspero o duro para ver encaminados sus pasos en la Iglesia del Señor?

Y agregó: “Pero qué hermosa alegría sentí cuando al entrar a aquel hermoso recinto, aquella hermosa niñez que parecía interminable su valla me recibía, y que en la mayoría de los hermanos contemplaba ese hermoso amor y fe que estaban manifestando para su hermano: La gran mayoría llorando… y tú fuiste testigo, ahora yo no puedo engañarte porque gracias a la tecnología tú has participado conmigo en estas bendiciones. […]. Se oía un estruendo impactante, impresionante, parecía que el Convention Center se iba a derrumbar: Un grito hermoso lleno de amor y de júbilo, el mismo que oí con aquellas almas de Portugal, de Madrid, de Barcelona, de Londres…

“Cuando entraba en aquel recinto sentía la bendición que también me quería dar Dios: Aquella tranquilidad en mi corazón. Y como que me puso en la mira a aquellos hermanos que de alguna forma yo había reprendido, castigado o aconsejado, y en todos ellos veía aquella hermosa manifestación, amor y aceptación… y volteaba hacia algún lado y veía a alguno de mis miembros, y decía: ‘Yo a él lo reprendí, lo regañé…’, y estaba con sus brazos levantados diciéndome: ‘Varón de Dios le amamos, teníamos deseos de verle…’.

Seguro se halla el aprisco

En otro momento, destacó cómo el Señor ha hecho su obra tan hermosa en los corazones. Y, pese a los pocos que maldicen, Dios la sigue perfeccionando día a día y repartiendo bendiciones a su Pueblo: “No solo fueron palabras vanas las que su hermano dijo. Las ha visto cumplidas en cada lugar que se ha presentado. Y digo: ‘Seguro se halla el aprisco. El señor nos vino a consolar y a cobijar. El Señor nos está protegiendo’. Los secuaces de satanás quisieran romper esa valla, pero el Señor sigue fortaleciendo día a día esa hermosa fe que hay en vuestros corazones. Por eso no me canso de decir: Gracias sean dadas a Dios”.

Recordó el temor inicial de que los adversarios sembraran ideas contrarias en el corazón de los hermanos, y agregó: “Pero que hermosa demostración Dios me ha dado: Que ni en lo más mínimo te han afectado. Ni en lo más mínimo han logrado meter un pensamiento malo, sino que Dios, en cada uno de vosotros y en toda la Iglesia que su hermano ha recorrido, lo único que me ha dicho el Señor: “Yo estoy contigo. Pelearán contra ti, pelearán contra la Iglesia, pero no los van a vencer, porque esta es la Iglesia de Cristo.

Te he puesto sobre este Pueblo y estaré siempre contigo

Antes de invitar a la Iglesia a cantar juntos la alabanza número 376, “No hallo como agradar a Jesucristo”, dijo: “A veces me pongo con un poquito de pendiente pensando en lo que los enemigos vayan a introducir en la Iglesia, pero cada día Dios cada día me dice: ‘No te preocupes de ellos. Yo de ellos ya me he ocupado, yo los he hecho a un lado, yo a ti te he puesto sobre este Pueblo y te he demostrado que YO estaré contigo en esta administración’”.

Con esta alabanza de gratitud, dijo, “Reconozco, entiendo, y en mi corazón hay esa gratitud hacia Él”, en referencia a que la Obra Perfecta la ha hecho Dios en los corazones. “Sé que no soy yo, Señor. El hombre me quiere dar la gloria […] que hombre tan astuto, que hombre tan sagaz, cómo los envolvió, cómo los trabajó… yo les agradezco que tengan ese buen concepto de mí, de ser un hombre inteligente, sabio… Pero yo lo entiendo, lo reconozco y lo acepto: No tengo inteligencia, sabiduría… aunque el hombre crea que yo te engañé, tú y yo sabemos que no fue así. Tú y yo sabemos que hubo alguien que puso en tu corazón esta aceptación a la Elección que Él tuvo.

“Señor, ¿Cómo puedo pagarte? ¡No hallo cómo pagarte! Estoy trabajando y eso para mí es un placer […]. Aquí está mi cuerpo, tú lo has tomado para que sea un cuerpo, un alma y un corazón dedicados al cuidado de la Iglesia. Señor, esto es lo que haré. Así lo hizo mi abuelo Aarón Joaquín, así lo hizo mi Padre Samuel Joaquín y viendo ese hermoso ejemplo, en el cuidado y trabajo que estos hombres de Dios tuvieron contigo y que también tú viste de ellos, yo seguiré también esos mismos pasos. Soy vuestro en el Señor. ¡Que me canso! ¡No me interesa el cansancio! ¡Que mi garganta se cansa¡ ¡No me interesa mi garganta! ¡Hoy me enfermo! ¡Mañana me alivio, porque Dios siempre me ha ayudado! Por eso hoy quiero decirle al Señor: Gracias te doy por tu bendita salvación”.

Preguntó a los presentes: “¿Tú también te sientes contenta Iglesia del Señor? ¿Tú también te sientes feliz? […]. Yo te contemplaba a ti, y en esas hermosas alabanzas yo veía tu alegría y tu gozo, y veía en los rostros de los hermanos cómo se expresaban, por eso decía: No me puedo quedar callado. Quiero decirle a la Iglesia que me acompañe a decirle: Señor, no hallo como agradarte. ¿Verdad que le ofrecemos nuestro corazón y nuestra vida? Le diremos al Señor que seguiremos poniendo de nuestra parte su santa y bendita voluntad.

El peligro de corromper el verdadero sentido de la hospitalidad

En sus palabras de despedida, el Apóstol del Señor recordó la frase de aquel pastor que por estas fechas solía decir: “Ya huele a fiesta”, y en relación con la enseñanza cristiana de la hospitalidad, comentó: “Abriremos nuestro hogar. Ya no tardan en llegar nuestros hermanos. Yo paso por las calles y pregunto? ¿Qué están haciendo? ¡Están fumigando las casas!

Ya está la festividad espiritual. La puerta se ha abierto y en breve empezarán a arribar nuestros hermanos. Síguete preparando, sigue abriendo tu corazón: Que tu alma, tu corazón y tu mente no se vayan a contaminar con la corrupción del dinero y quieras sacar un provecho económico de nuestros hermanos, porque ellos son, como tú, hijos de Dios. Y si quieres tú sacar un beneficio material, recuerda: ‘Horrenda cosa es caer en manos de un Dios vivo’.

“No puedes lucrar, no puedes hacer negocios, no puedes aprovecharte de esta festividad… ¡pero que los gentiles lo hacen, dirán algunos! no nos interesa; en nosotros está, ante todo, la fe que habita en nuestro corazón: Una fe verdadera, una fe viva, una fe auténtica, una fe de Dios. Y Dios no quiere que se aprovechen de aquellos hermanos que vienen con sacrificio a este lugar. Dios quiere que abras tu hogar, quiere que abras tus brazos, que abras tu corazón y que le digas: Hermano los estábamos esperando con tanto anhelo. Pasad a mi hogar. Es de ustedes, porque ustedes representarán la bendición que Dios me habrá de traer a mí y a mi hogar.

Despedida

En sus palabras de despedida, invitó a la Iglesia de Guadalajara a estar presente el Sábado primero de Agosto en la Casa de Oración, cuando, dijo, “Mis brazos se levanten ante el Altísimo pidiendo que los ejércitos celestiales cuiden a su Pueblo que arribará a esta Ciudad. Hasta entonces, os dejo un abrazo de amor, un ósculo santo y que la paz de Dios siga morando en cada uno de nuestros corazones”, concluyó el Excelentísimo Apóstol de Jesucristo.