Saludo Apostólico: “Hermosos Batallones. ¡Firmes y adelante!” — Berea Internacional

diciembre 16, 2017
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“Vosotros sois mi orgullo, vosotros sois mi alegría, vosotros sois mi satisfacción, sí vosotros sois mis guerreros; los que van al frente de la batalla...”

¡Cómo no saludarte, si vosotros sois mi orgullo, si vosotros sois mi alegría, si vosotros sois mi satisfacción, si vosotros sois mis guerreros!…
Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García.

(Coordinación de Crónica Apostólica).- La mañana del sábado 16 de diciembre de 2017, una mañana gélida y ligeramente lluviosa, el Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García, inspirado por Dios, saludó a sus batallones espirituales que se hicieron presentes en esta festividad que enmarca los tres años de glorioso ministerio apostólico, en donde ellos forman parte esencial de la promesa de Dios a su Ungido.

Al término de una de las reuniones que el hermano P.D. Ramiro Hernández, realiza con los integrantes de los batallones que vinieron a la ciudad de Guadalajara para unirse a los festejos por el tercer aniversario del Ministerio apostólico, específicamente la del viernes 15 de diciembre y que fue presidida por el P.E. Guido Aguilar; el capitán de los batallones – como el Apóstol ha nombrado al hermano Ramiro, tomó el lugar para decirles que tenía una noticia de mucha bendición para ellos, y la buena nueva era, que así como ese día por la mañana el Cuerpo

Ministerial había saludado al Apóstol de Jesucristo, al siguiente día el Varón de Dios les concedería también a ellos la bendición de saludarlo de forma personal.

En palabras del Capitán: “lloraron, cantaron, gritaron, no podían creerlo…” La bendición fue tal, que el Salón de Ministros donde se encontraban se convirtió en un pentecostés. Al término de dicha reunión algunos de ellos se abrazaban llorando por la bendición concedida.

Al otro día, (el día señalado), desde antes de las cuatro de la mañana, los batallones abarrotaron literalmente el Salón de Ministros, el Salón de Niños y el Salón de Espejos, entre tanto que llegaba el momento; pues la indicación era, que el saludo se llevaría a cabo al término de la oración de 4:30 a.m. Así, comenzaron a cantar durante dos horas de manera ininterrumpida glorificando al Señor con un fervor excepcional, entre tanto los ministros que colaboran en el Ministerio del Ceremonial, afinaban todos los detalles de organización para el acto.

Alrededor de las 5:30 algunos orfeones hicieron su arribo al lugar, debidamente organizados para cantar por turnos de tres o cuatro alabanzas, entre ellos Michoacán, El Salvador y un coro que cantaba en lengua dialéctica. La sincronización era perfecta: Al término de un turno, el coro entrante se unía a la alabanza del coro saliente, para que ambos hicieran el cambio casi de manera imperceptible y sobre todo sin cesar de entonar sus alabanzas. El ambiente era idóneo para el momento, pues había instantes en que todos al unísono comenzaban a glorificar a Dios como arrebatados por un mismo espíritu.

Poco después de las seis horas, el Apóstol de Dios arribó al lugar impecablemente ataviado, solo los Ministros y el coro en turno lo podían observar porque un telón colocado en la parte frontal del área ministerial, impedía la visibilidad de los que llenaban el salón, sin embargo; ante su arribo, las voces estrepitosas de todos prorrumpieron en un eco sonoro que cual trompetas anunciaron el inicio del saludo.

El hermano Ramiro en representación de todos ellos, tomó el micrófono y se dirigió al Apóstol de Dios: “Ayer se les dio la noticia de que usted quería saludarlos; al escuchar su deseo, cantaban, lloraban, no podían creerlo. Yo les pedí que me dijeran: ¿Qué quieren que le diga al Varón deDios a través de ustedes? Y hoy traté de recoger el sentimiento que ellos expresaron: ‘Tenemos muy presente en nuestra mente y corazón aquel día que usted nos viera con misericordia para trabajar en la Obra delSeñor, – dijeron algunos, donde quiera que vayamos daremos testimonio que en la tierra hay Apóstol de Jesucristo – exclamaron otros, pero dígale que, NUNCA JAMÁS RETROCEDEREMOS, SEGUIREMOS ADELANTE DONDE USTED NOS MANDE, PORQUE SOMOS SUYOS HASTA EL ÚLTIMO ALIENTO’, mientras los remitentes desde su lugar levantaban sus manos empuñadas y estremecían el lugar con un sonoro “Amén así es”.

En ese momento los que ya se encontraban formados comenzaron a desfilar, empapados sus rostros en lágrimas; se les había indicado que debido a la multitud solo lo saludaran sin exponer necesidades o más palabras, pero ello resultó muy difícil para algunos corazones que al saber de este momento ni siquiera les fue posible conciliar el sueño, pensando en el momento de estar frente al Ungido de Dios. Algunos en verdad pasaban y lo saludaban sin agregar nada más (como se les había indicado) pero otros no pudieron contenerse y comenzaron a externarle mucho que lo amaban. El Padre de la fe respondía a cada uno de ellos:“Yo también los amo, el Señor sea con ustedes por su trabajo…”

En un hecho sin precedente, el Hombre de Dios indicó al hermano Silverio que quitaran el telón que lo separaba de la multitud. Cuando los hermanos comenzaron a recogerlo, las voces de júbilo aumentaron y un estruendo retumbó en el lugar para dar paso a una multitud de puños levantados ante los ojos del Varón de Dios. Enseguida, el Apóstol indicó al hermano Ramiro que se pusiera a su lado.

Al continuar el saludo, uno de los jóvenes que es hijo de un ministro, agradeció al Siervo de Dios, la oportunidad otorgada y éste le respondió que siguiera el ejemplo de sus padres. Algunos jovencitos le expresaban:“le amamos Varón de Dios” y él como el padre de la fe les respondía:Dios les bendiga, son mi satisfacción, es mi orgullo saludarles, Dios les dé un corazón fuerte y valiente”, otro hermano le pidió la oración por el lugar donde fue enviado y el Varón de Dios le correspondió: “Dios te va a prosperar, Dios prospere vuestro camino, Dios prospere vuestro lugares,Dios los haga fieles, Dios les de virtudes”.

Así, sucesivamente fueron pasando todos y cada uno de los varones en quienes esa mañana quedo registrada en lo más profundo de sus corazones, como la primera vez que estrecharon la mano del Hombre deDios, como sus batallones espirituales. Al concluir un número aproximado de quinientos hermanos, fueron invitados a pasar a la explana del templo en la parte superior, para dar paso al turno de las hermanas.

Al dar inicio el saludo para las hermanas, el hermano Ramiro levanta su mano empuñada, en señal de que ellas, al igual que sus esposos también forman parte de los batallones, las mujeres saludan al Apóstol de la misma manera que los demás, el gozo es incontenible: “Dios lo bendiga, lo tenemos en el corazón…” el padre les contesta: “Dios les pague, hermosa satisfacción, yo también les amo en Cristo…” Como el padre que se enorgullece con los pequeños triunfos de sus hijos pequeños, simbólicamente el Apóstol, premiaba a estos nuevos batallones y les enseñaba que vale la pena trabajar en el servicio deDios a su Iglesia.

Algunas hermanas proferían frases de amor espiritual como: “le amamosPadre” y él correspondía: “Me lo han demostrado con su trabajo, Dios las colme de gracia, Dios las colme de virtudes, Dios las colme de dones, me han causado mucha felicidad…” – les expresaba mientras pasaban recogiendo cada una de las bendiciones que de parte de Dios les iba otorgando. “Le amamos mucho” – dijo una de ellas con la voz entrecortada por el llanto, “y yo lo siento porque sé que es cierto –respondía el orgulloso padre: “vosotras sois mi alegría, Dios las siga prosperando, Dios las siga bendiciendo, vosotros sois mi satisfacción” y un cúmulo de bendiciones que no dejó de proferir para todas ellas, mientras pasaban.

Uno de los hermanos que hablaba al micrófono narrando la bendición de esa mañana expresaba: son los que no tienen experiencia, pero también son los que no tienen miedo, en su corazón solo tienen la Elección deDios y donde antes no había nada, ahora hay casitas de oración, hay almas…” entre tanto algunas de ellas pasaban hablando en lenguas angélicas que dirigían al guía espiritual, quien sin lugar a dudas entendía perfectamente el lenguaje espiritual en el que le hablaban, “Dios prospere vuestra labor y trabajo, Dios les de gracia y capacidad, Dios las bendiga…” Esa mañana no se detuvo en bendecir a todas y cada una de sus hijas que vinieron para ratificar su permanencia en este trabajo espiritual.

Pasadas las siete de la mañana, concluyó el saludo pero no la bendición, pues el Apóstol de Dios deseó subir a la explanada del Templo Sede internacional de la Iglesia, para dirigirse desde su ministerio a todos estos corazones impregnados de su bendición. Mientras subía la escalinata, ministros y coro lo seguían en un tumultuoso acto de fe, que mezclaba alabanzas y glorias a Dios porque ahora escucharían el mensaje que Dios le ha dado para cada uno de ellos.

Mensaje apostólico a sus batallones.

A puerta cerrada y solo con los ministros que le acompañaban y losbatallones presentes se dirigió a ellos: “Que alegría poder estar hoy estedía frente a vosotros. Le decía a los hermanos: Claro que voy a saludaral Cuerpo ministerial, los hermanos que me han apoyado, los hermanosque han estado conmigo, los hermanos que han trabajo a mi lado y quedesde el primer instante me dijeron: ‘Somos de usted y para usted’ claroque los voy a saludar, pero también le decía al hermano Silverio:También quiero saludar a mi Batallón, aquellos jóvenes que se unieron amí en batalla y que sin yo conocerlos físicamente me dijeron: ‘Ya sea enel valle o en el desierto, o a donde nos mande, allá iremos nosotros’ ungrito semejante al grito de guerra se escuchó en el interior delmajestuoso templo.

Continuó: “Yo sé que hay todavía muchos más y que no han podido venirpor la situación, pero yo le decía al hermano Ramiro: yo no quieromandarlos a las iglesias, pero yo no quiero mandarlos a lascomodidades, yo no quiero mandarlos en donde ya haya grupos dehermanos, porque ahí, ya hemos conquistado. Donde está la Iglesia, yapodemos decir con libertad, son lugares, ciudades, países, coloniasconquistadas; yo los quiero mandar a donde no ha llegado la palabra deDios, porque esos lugares que ya están, seguirán creciendo, seguiránmultiplicándose, pero hay otros lugares que ¡Cuánto tenemos queesperar para que la doctrina llegue ahí! – según y conforme el trabajo decada iglesia…”

“Entonces yo le decía a los hermanos: Yo quiero mandar a los batallonesa donde no haya iglesia, a donde no se haya predicado, a donde no sehaya hablado de la palabra de Dios, y yo les preguntaba: ¿Creen ustedesque estarán de acuerdo? ¡Qué hermosa respuesta me habéis dado! (sevuelve a escuchar un estruendo de gritos impregnados de valor) No convuestra voz, no con vuestro puño, me la distes con vuestros hechos, convuestras obras ¡Cómo no entonces saludarte, si vosotros sois miorgullo, si vosotros sois mi alegría, si vosotros sois misatisfacción, si vosotros sois mis guerreros, los que van al frentede la batalla, pregonando que en la tierra hay Hombre deDios…”

El clamor aumentaba con cada palabra que el Apóstol les dirigía, “…y me decís algunos: ‘Hermano le amamos con todo el corazón, Varón deDios lo llevamos en nuestra alma, Varón de Dios le pedimos de su oración’ y yo les digo a ustedes: Y yo los amo en grande manera, yo les digo a ustedes: yo los llevo en cada instante en todas mis oraciones, yo le digo: Señor, Tú pones abundancia en mi mesa, pero allá están mis batallones, no sé qué van a comer hoy, no sé dónde van a dormir, pero allá, que tu gracia se manifieste para que cada uno de ellos vea que no están solos, que Tú ves por ellos; y creo yo, Dios ha respondido.

De esa manera les explicó a detalle las razones de su orgullo por ellos y las mismas por las que Dios le inspiró saludarlos de manera personal a cada uno, esa dichosa mañana, pero además agregó como un regalo del padre enorgullecido por sus hijos: “Así es que, yo quería saludarte en este momento y también contigo doblar mis rodillas… Dios me ha dado en mis compañeros muchos hermanos que tienen capacidades, que tienen dones, cualidades y Dios por medio de ellos me permite administrar mejor la Iglesia; vosotros vais empezando, pero vais empezando en el campo de batalla, no encerrados en un cuartel, recibiendo atenciones, recibiendo cuidados no, estáis empezando en el campo de batalla y yo le quiero pedir al Señor: Señor, llénalos de virtudes, Señor llénalos de Dones, Señor llénalos de capacidades, llénalos de tu gracia, llénalos de tu amor, para que estos jóvenes que hoy han salido Señor, sean grandes conquistadores y por medio de ellos, sigas cumpliendo la promesa que tú me has dado”.

Oración especial por sus batallones

Explicó que su oración no es solamente por los que estaban presentes en esta ocasión en la ciudad de Guadalajara, sino que su oración es también por aquellos que no pudieron venir debido a la lejanía, documentación o alguna otra circunstancia, su oración siempre es por todos – aseguró.

Enseguida pidió a los coros presentes entonar el himno titulado: “Ya sea en el valle” que trata precisamente de las vicisitudes que un obrero experimenta en el desempeño de su noble tarea, razón por la que algunos prefieren abandonar la Obra del Señor. En ese sentido dijo a los presentes: “Me decía el hermano Ramiro: Varón de Dios, algunos se han regresado, algunos han dicho: ‘Hermano, pensábamos que la Obra iba a ser diferente, pensábamos que íbamos a ir a una iglesita donde nos iban a atender, pensábamos que no íbamos a sufrir, no sabíamos que teníamos que dejar todo para empezar de la nada. Nosotros no queremos seguir en la obra, nosotros queríamos un beneficio, nosotros queríamos una atención, nosotros queríamos de otra forma servir o más bien ser servidos’ Y yo le decía al hermano: No se preocupe hermanoRamiro ¿cuántos han sido? – tantos…”

Al escuchar el pequeño grupo de hermanos que no han podido continuaren este servicio de fe, dijo que ellos podran continuar como miembros de la Iglesia buscando su salvación en las actividades propias de todo miembro, como son sus oraciones, el coro, salir a la obra evangelista, ayudar al Encargado, etcétera, y volvió a interrogar: “Pero la gran mayoría ¿en dónde están?” y la respuesta del capitán fue: “Varón deDios, la gran mayoría viene a decirle: ‘Estamos con usted’ En ese momento todos levantan sus manos empuñadas y con un gesto en sus rostros que sin palabras describía claramente el vigor de sus corazones, al unísono gritaron un estruendoso AMEN que hacía temblar al mismo averno.

Entonces ya no pudiendo contener más el ardor del corazón avasallado por la gracia de Dios, los invitó que lo acompañasen a orar con las siguientes palabras: “Tu pídele al Señor que Él escuche mi voz, porque mis palabras en este momento van a ser en beneficio tuyo ¡Que Dios te siga bendiciendo, que Dios te siga prosperando, que Dios te llene de virtudes, de gracias, de dones, para engrandecimiento y cumplimiento de sus promesas!

Mientras los coros cantaban el himno solicitado por el Ungido de Dios todos los reunidos se entregaron en una fervorosa oración, que en ecos constantes subía hasta el tercer cielo, teniendo como fondo las voces angelicales de aquellos que esa gloriosa mañana recordaban a través de su himno: “aunque mi parte sea mi dura cruz llevar, diré a mis hermanos también su gran poder, ¡Contento quedaré, mi luz haré brillar, testigo deCristo, doquiera yo iré!” El hermano Naasón se puso de pie y con una seña pidió que no dejaran de cantar, acaso porque ahora entendía a
cabalidad lo que esas palabras significan: “Si Cristo conmigo va, yo iré,¡Yo no temeré!, ¡Con gozo iré!…

Despedida

Cuando los hermanos empezaron a levantarse de esa hermosa y larga oración, mientras el coro continuaba la alabanza, el Apóstol la intervenía con sus palabras llenas de valor cristiano: “¡Que Dios te siga acompañando! en tu tristeza, en tu necesidad, en tu angustia, en tu soledad, en tu desesperación, dobla tus rodillas y acuérdate: ‘Señor, doblando mis rodillas yo me uniré a la oración de tu Siervo’ porque tenla seguridad que me acordaré de ti en todas mis oraciones para que Dios te siga bendiciendo”.

Y así se despidió de sus soldados: “Hermosos batallones, ¡Firmes y adelante Huestes de la fe, sin temor alguno que Cristo estará con vosotros! Dios los bendiga y Dios les guarde” al salir por un lateral del templo, la glorieta que lo rodea se encontraba ya llena de hermanos que aguardaban su salida para desearle bendiciones, en medio de una mañana fría y lluviosa que no de meritó ni un ápice las bendiciones queDios tenía programadas para ese día.

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