«¿Cómo se identifica a la verdadera Iglesia de Jesucristo? Por la Elección y la Palabra de Dios, que es la verdad»: Apóstol Naasón Joaquín — Berea Internacional

octubre 12, 2017
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El jueves 12 de octubre, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, elevó su plegaria al Creador en el templo de la colonia Hermosa Provincia.

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El jueves 12 de octubre, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, elevó su plegaria al Creador en el templo de la colonia Hermosa Provincia, en Guadalajara. El reloj marcaba las 4:21 de la mañana cuando salió de su hogar con dirección a la Casa de Oración.

«La Paz del Señor sea con ustedes», fueron las primeras palabras que expresó a sus colaboradores y a las hermanas y hermanos que se encontraban alrededor de la Glorieta Central, que circunda el templo. El Coro de Adolescentes, ataviado con un impecable uniforme, participó esta madrugada con sus cantos.

En el interior del templo, el Orfeón local, una parte de la iglesia y los ministros que se dieron cita esta mañana, acompañaron al Apóstol del Señor en su oración. «Somos La Luz del Mundo» y «A solas al huerto yo voy», fueron las alabanzas que el Orfeón Monumental entonó durante la plegaria apostólica. Al término de su oración, el Siervo de Dios se despidió de los integrantes del Coro y de quienes estaban en el interior del templo.

En la puerta de su casa, el Apóstol platicó con sus colaboradores. En primer lugar, mencionó que el «Centro Cultural y Recreativo SJF», ha sido —y es— un referente cultural no solo al interior de la comunidad, sino para el mundo. En la colonia Hermosa Provincia, autores de connotada trayectoria han dictado conferencias y presentado sus obras literarias —entre otros, Carlos Monsiváis, Francisco Martín Moreno, Humberto Musacchio, José M. Muriá—. Destacó que estos eventos culturales seguirán teniendo lugar; asimismo, cada que se publique una nueva obra, serán invitados los escritores para la presentación de sus libros en el citado foro.

 

Sin Enviado de Dios no hay voz de Dios en la tierra

En otro momento, trajo a la memoria un breve diálogo —informal— que el Apóstol Samuel Joaquín sostuvo con un judío mexicano.

—¿Ustedes creen en el único Dios?

—Si, claro. Jesucristo vino a enseñarnos a ese único Dios; no solamente a conocerlo, sino a saber cómo adorarlo. Creemos en Cristo y, por su enseñanza, ahora nosotros adoramos a Dios en Espíritu y Verdad. A ustedes, ¿quién los guía? ¿Sabe usted que si no hay Profeta sobre la faz de la tierra no hay voz de Dios?

—Si, así es. Tiene razón.

—¿Quién ha sido su Profeta en estos dos milenios?

—No tenemos…

—En el tiempo de Cristo había tres o cuatro grupos —fariseos, escribas, saduceos—, que discernían la misma enseñanza, porque no había un profeta. Hoy, ¿cuántos grupos hay? —reformistas, liberales, ortodoxos, ultraortodoxos, masortíes, caraitas…—. ¿Cuál de todos ellos es el correcto?

—Si, tiene razón. ¡Nos hace falta un Profeta!

—¡Eso es lo que ahora se vive en la Iglesia! ¡Por eso es que ahora conocemos al Señor!

En este tenor, comentó que entre los musulmanes existen diferentes corrientes que interpretan y practican el Corán de forma diferenciada: como cada quien lo entiende, porque al no tener un profeta no hay quien unifique esa doctrina y enseñanza.

 

No hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos

En este sentido, abundó: «En el caso de los judíos, lo que ellos perdieron nosotros lo encontramos, por gracia (v. Juan 1:11) ¿Cuándo el Pueblo de Israel se unificaba en un solo pensamiento, disciplina y forma de adorar a Dios? Cuando había un Profeta entre ellos. No tenían Profeta, y los llevaban presos, había divisiones, eran perseguidos, caían en la idolatría, hacían lo que querían… Pero cuando Dios les enviaba jueces, profetas, videntes… que los dirigieron a ellos, escuchaban la voz de Dios.

«En la actualidad, los judíos tienen la necesidad de experimentar a ese Dios. Les han venido contando de Él de generación en generación. Tienen el libro —la Ley o Torá—, pero cada quien la interpreta o aplica a modo».

En relación con lo anterior, recordó lo que el Señor Jesucristo les dijo: «!Jerusalén, Jerusalén! (…) ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!» (Mateo 23:27); «he aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor» (Lucas 13:35).

Enseguida, el Apóstol de Jesucristo expresó: «Cuando el Señor dijo ‘no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor’, no dice que esto acontecerá hasta el día de su venida, sino antes de ella. Debe haber un reconocimiento, de su parte, al Enviado de Dios. Ellos —los judíos— saben más que nadie que Dios habla por medio de sus profetas; que no habla directamente al Pueblo. La única vez que lo hizo, el Pueblo de Israel se cimbró y tuvo temor de muerte: ‘Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos’ (Éxodo 20:19).

En otro momento, dijo a sus colaboradores cuál es la respuesta a los religiosos, de todas las denominaciones —incluido el judaísmo—, cuándo pregunten cómo se identifica a la Iglesia de Jesucristo y la Revelación que Dios le da a su Elegido: ¿Cómo saben ustedes que la revelación de Dios se manifiesta en su Iglesia? Hay una respuesta, que es el centro de nuestra fe: la Palabra de Dios —que Él da por revelación a su Elegido—».

Citó al salmista David, cuando dijo: «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino’ (Salmos 119:105)», para luego agregar: «¿Qué es lo que los identifica? ¿Cómo lo saben? ¡Porque predicamos la verdad! Dijo el Señor Jesucristo: ‘Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad’ (Juan 17:17)». Enseguida, parafraseó la frase de una alabanza: ‘Ninguno ha contestado a la doctrina santa’, y afirmó categórico que ninguna denominación religiosa (católica, protestante, budista, judía, evangélica, etcétera), ha contestado —ni contestará— a la doctrina revelada, por una sola razón: «Esta es Palabra de Dios entregada a sus Enviados», y acotó: «¿Qué es lo que nos hace diferentes? La Palabra que viene de parte de Dios».

 

La Palabra de Dios —la auténtica— es la Revelación que Dios da a sus Elegidos

Destacó que católicos, protestantes y evangélicos sostienen que ‘la Palabra de Dios es la Biblia’. Sin embargo, la respuesta apostólica fue categórica: «¡No! La Biblia testifica que lo que hablamos es verdad…‘¿Cuál es la diferencia de que ustedes sí son de Dios?’ ¡La Palabra! Dijo el Señor Jesucristo: ‘Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mi’ (Juan 5:39). Escudriñar, no en la letra sino en el discernimiento, la comprensión y el entendimiento, y eso no se obtiene con la lectura sino con la Palabra de Dios».

En relación con lo anterior, recordó las palabras que Felipe le dijo a el eunuco, cuando este leía al profeta Isaías: «¿Entiendes lo que lees?»; y el funcionario de Candace, respondió: «¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare?» (Hechos 8:30-31). Y abundó: «En la actualidad, ¿quién les ha explicado las Sagradas Escrituras a los hebreos? Si el último profeta que tuvieron fue hace más de dos mil años.

«Esta Palabra —que es manantial de verdades eternas— no se encuentra ni se aprende en los libros, aunque la Biblia testifica que lo que hablamos es verdad. Aunque este sagrado libro lo tienen todas denominaciones religiosas —la letra—, con qué satisfacción decimos: ‘Ninguno ha contestado a la doctrina santa’. Y al cumplir esta Palabra somos santificados. El primer acto que llevamos a cabo, luego de oír la Palabra es el bautismo; posteriormente el Espíritu Santo; enseguida, nuestra conducta… y luego, esta Palabra viene a santificarnos.

«Alguno preguntará: ‘Entonces, ¿no pecan?’, si, pero al escudriñar la Palabra nos damos cuenta de que quien tiene la facultad de parte de Dios —el Apóstol—, nos invita a participar del pan y la copa, y vuelve a renovar otra vez en nosotros el pacto que hay entre Dios y la humanidad. ¿Quién nos enseña esto? ¿La letra? ¡No! Qué es lo que nos identifica del resto de las denominaciones religiosas: la Palabra auténtica del Señor, que es revelación de Dios.

«Otros dirán: ‘Pero es lo mismo que hablan en todas las iglesias’. ¡No!, precisamente en la auténtica Palabra de Dios, la verdadera, está la diferencia de nuestra Iglesia a todas las demás congregaciones —incluido el judaísmo—. Al Señor Jesucristo, ¡cuántas veces quisieron tentarle! Cuando los escribas y fariseos acusaron a María Magdalena, y querían apedrearla, el Hijo de Dios expresó: ‘El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella (Juan 8:7). ¿Quién de ellos cumplió la Ley después de aquella Palabra, que llegó a sus conciencias? ¡Ninguno! Se fueron yendo poco a poco. ¿No eran celosos de la letra y cumplidores de la Ley? Si, pero aquella palabra fue más grande que la misma Ley, porque llegó a la conciencia y se comenzaron a retirar. ¡Esa es la Palabra que nosotros tenemos! ¡La Palabra que nos da vida, nos santifica y nos conduce a la vida eterna!

 

La Iglesia del Dios Vivo Columna y Baluarte de la Verdad se rige por la Palabra de Dios, no por la letra

«Sí, esta Palabra la sentimos en nuestro corazón; pero es la verdad de esta Palabra la que nos identifica de las congregaciones religiosas —incluido el judaísmo—. Las Sagradas Escrituras dan testimonio de nosotros que hablamos es verdad; pero lo que nos rige es la Palabra de Dios: ella es el libro santo por Dios inspirado, manantial de verdades eternas. Para el hombre natural, está el testimonio que avala que somos la misma Iglesia Primitiva.

«Le dijeron los fariseos al Señor Jesucristo: ‘He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo’ (Mateo 12:2); y el maestro les respondió: ‘… el día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo’ (Marcos 2:27). ‘Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí (…), porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo’ (Mateo 12: 6-7). Para los religiosos de la época, la respuesta fue una blasfemia; sin embargo, el Señor los exhortó: ‘Escudriñad las Escrituras…’.

«Si no hay un Enviado de Dios, aunque el religioso sea sacerdote o un hombre docto en las Sagradas Escrituras, no comprenderá la enseñanza, porque esta no se adquiere ni entiende solo por leer la letra. Se debe escudriñar con el Espíritu de Dios, y el que lo representa —y siempre lo ha representado— es un Hombre de Dios sobre la faz de la tierra. ¡Siempre! Y si alguien lo sabe, justamente es el Pueblo de Israel».

Desde el interior del templo comenzó a escucharse el primer canto de la consagración. El Apóstol de Jesucristo, luego de impartir esta hermosa enseñanza, se despidió de los pastores.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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