«Ser hijos de Dios: una grande gracia, poder, confianza y bondad de Dios»: Apóstol Naasón Joaquin

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El viernes 28 de julio, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, acudió al templo de la colonia Hermosa Provincia —en Guadalajara— a elevar su plegaria matutina.

En esta mañana, acompañaron al Apóstol de Jesucristo los coros de hermanos adolescentes, jóvenes y grandes.

Al término de su oración, el Apóstol del Señor se encaminó hacia la casa apostólica, acompañado de algunos de sus colaboradores, con quienes platicó hasta que el reloj marcó las cinco de la mañana.

Entre otros temas, destacó que «ser hijo de Dios es una grande gracia, un grande poder, una grande confianza y una grande bondad que Dios nos está concediendo».

Y añadió: «Si ustedes pudieran ver alrededor, con los ojos espirituales, verían todas estas calles llenas de ángeles que están sirviéndonos de día y de noche. En todo lo que pidamos, en el nombre del Señor, en beneficio de nuestra alma, Él nos lo conceda”.

El Apóstol de Jesucristo destacó que, a pesar de que en la vida de los hijos de Dios vendrán situaciones difíciles, los ángeles del Señor están cercanos: «Ellos vienen a luchar con nosotros; si hay enfermedades, vienen a sanarnos; si hay necesidades, vienen a sacarnos de ellas; si hay angustias, vienen a consolarlos…

«Y es que no solamente es el amor o la influencia de aquel título que se nos fue dado. Es verdad la influencia que hay en nosotros hacia los ángeles, pero, ¿por qué nos hacen caso? Porque somos hijos de Dios y ha mandado a los ángeles a hacernos caso, a servirnos, a atendernos».

 

Santa Cena: memorial sagrado

En relación con la Santa Cena, que será conmemorada el próximo 14 de agosto, comentó: «Para quien no tiene fe, será una fiesta tradicional. En cambio, para los hijos de Dios cada fiesta, cada agosto, es aún más hermoso, como si fuera algo nuevo… Al témino de la Santa Cena nos regresamos a nuestros hogares saltando como becerros en manada».

En otro momento, recordó la enseñanza bíblica de la ofrenda, que es voluntaria y se practica por fe, para el engrandecimiento de la Obra de Dios: «Cualquier hombre que lee la Biblia sabe que tanto el diezmo como la ofrenda, fueron establecidos por Dios antes de la Ley, y ya en la Ley… Abraham diezmó, aun y cuando todavía no había Pueblo, cuando todavía no había una ley, una norma establecida por Dios… El Señor le enseñó a Abraham a dar sus diezmos espirituales a través de la oración y también a dar sus diezmos materiales. Ya en la Ley de Dios podemos ver todas las ofrendas que se ofrecían».

Explicó que la Iglesia tiene prosperidad y crecimiento espiritual y material porque los hermanos cumplen con el Señor en sus diezmos y ofrendas, que de todo lo que el Señor les concede, los hermanos siguen el ejemplo de Abraham, dan su diezmo al Señor, el espiritual y el material. Por eso la Iglesia sigue creciendo y se puede ver en la celebración de bautismos por todo el mundo, la edificación de hermosas casas de oración, la realización de eventos, el apoyo a la superación de los jóvenes de la Iglesia para que sigan preparándose.

 

La Palabra de Dios nos enseña lo que debemos hacer

Y agregó: «Todo esto sucede porque en la Iglesia se habla la Palabra de Dios, no se impone una doctrina”. Expresó que en la Iglesia se habla de ofrendas y diezmos, pero se habla primeramente de la Elección, la fe, el amor verdadero, la eternidad, la superación… porque la enseñanza de Cristo abarca todos los aspectos de la vida de los hermanos.

«Toda la Palabra de Dios se enseña para que vaya a nuestra mente y raciocinio; cuando esta se entiende, los hermanos solos van obedeciendo y practicando las obras de Dios… Nunca vamos a dejar de ofrendar. La Iglesia va creciendo. La Iglesia es de Dios, y no hay forma de detenerla. Dios permitió la muerte del Señor Jesucristo, y satanás y los hombres creyeron que con su muerte lo habían vencido; sin embargo, la muerte de Cristo fue para manifestar su poder en su resurrección».

Recordó que los Apóstoles nunca tuvieron temor ante las amenazas de aquellos que querían ‘terminar’ con la Iglesia; por el contrario, seguían predicando, no se escandalizaban porque los llevaban a la cárcel, o eran golpeados, o los difamaban… la Iglesia se fortalecía más.

Recordó que a los apóstoles Aarón Joaquin y Samuel Joaquín les tocó vivir estos embates y la Iglesia no desapareció, siguió adelante: “Cuando Dios permite algo en sus Siervos, no es para escandalizar a la Iglesia, es para demostrarle al mundo que no hay quien pare a la Iglesia, porque Él nos sostiene; si Dios con nosotros, quién contra nosotros. Somos la Iglesia de Dios, de eso estamos seguros.

«Con nosotros no existe la palabra derrota, no hay forma de que puedan detener a la iglesia… Desde que entró la fe en nuestro corazón, sabemos en quién hemos creído. La que rige nuestras vidas, es la enseñanza de Cristo; y los que son miembros de la Iglesia, que son convertidos por la fe y por el oír de la Palabra de Dios, han entendido que aunque vengan los ataques o las difamaciones no nos detenemos; al contrario, viene el celo de Dios y nos fortalecemos, seguimos adelante.

El Señor dijo: «Pelearán muchos contra ti, pero no te vencerán. Solamente tenemos una regla: No vayas a desconfiar para que yo no te avergüence delante de ellos; porque todo lo que pidieras en mi nombre, yo lo voy a conceder, me refiero a todo lo que sea a favor de nuestra alma… La bendición de Dios es paz, tranquilidad, salud e incluye el beneficio económico y prosperidad, porque abarca todo… No tenemos nada de que avergonzarnos, nuestra doctrina es santa. En esta Palabra los hombres se han basado para hacer sus constituciones, sus leyes, porque es una palabra perfecta; ellos tienen la letra, nosotros tenemos la razón, el espíritu y la revelación de Dios», concluyó.