Singular visita apostólica a la Iglesia de Cartagena de Indias

(Coordinación de Crónica Apostólica).- En el marco del segundo envío de Batallones anunciado por el Apóstol de Jesucristo en el mes de agosto pasado (El Salvador, Colombia, México y Estados Unidos de Norte América), el sábado 6 de octubre de 2018, se presentó en las iglesias de El Pozón y Boston, donde también concurrieron los hermanos de, Nelson Mandela; las tres iglesias establecidas en esta bellísima ciudad también catalogada como la ciudad amurallada.

El hermano Heriberto Díaz, actual ministro en Boston, al igual que los ministros de Nelson Mandela y El Pozón, se encontraban en Medellín, atendiendo comisiones asignadas para la presentación apostólica y el próximo envío de jóvenes a la obra misionera de evangelización universal dirigida por Naasón Joaquín en esta Nueva era, cuando fueron notificados que, tras su recorrido por las iglesias de Bogotá, el Siervo de Dios visitaría las iglesias de Cartagena de Indias.

Para sorpresa de todos, esta noticia llegó el mismo 5 de octubre a las siete de la mañana vía telefónica. De inmediato los ministros involucrados se devolvieron a esa ciudad para llevar a cabo todos los preparativos para esta histórica visita; la primera visita que un Apóstol de Jesucristo hace a esta ciudad.

El momento esperado llegó y el Apóstol visitó en primer a los hermanos de El Pozón, quienes desde temprana hora se reunieron en su pequeña Casa de oración para esperar el momento anhelado, ya que la mayoría de ellos son hermanos de escasos recursos que no han ido a Guadalajara y hasta ese momento no conocían personalmente al Apóstol de Jesucristo.

Poco antes del arribo apostólico comenzó a llover en la zona y el momento llegó a las 1:30 de la tarde cuando el vehículo que transportaba al Siervo de Dios se estacionó frente al templo y los hermanos en el interior desbordaron el gozo que desde antes enardecía sus corazones. Al entrar el Apóstol de Dios saludó a todos ellos y desde el ministerio les dirigió el siguiente mensaje: “Qué alegría poder estar ante ustedes este día, contemplar a los hijos de Dios, contemplar a los amados de Dios y aunque veo que estáis en un lugar retirado de la ciudad y humilde, no creas que por eso no sois amados de Dios ¡sois muy amados de Dios, sois preciosos, para Dios sois bellos!…

Ante el evidente regocijo de aquellos que, aún les parecía un sueño; esa mañana el Enviado de Dios les dijo que, tuvieran la certeza de que viven en su corazón, como sabe que él vive en ellos porque esa unidad la ha hecho Dios, sin embargo; les dijo que, no solo había ido a conocerles, porque ellos saben que donde pisa un Siervo de Dios, ahí Dios derrama su bendición “sé que creéis que su hermano es Naasón es un Siervo de Dios y como Siervo de Dios hoy vengo a este lugar, porque quiero levantar mis manos, quiero doblar mis rodillas y pedirle a Dios, que Dios te siga bendiciendo, que Dios te siga prosperando, que Dios te siga multiplicando, que esta hermosa ciudad de Cartagena, sea en un futuro no muy lejano, una iglesia grande, una iglesia prospera llena de almas….” –les dijo antes de invitarlos a orar.

Después de una ferviente oración que estremeció el pequeño aposento donde creyentes y oyentes se reunieron, el Varón de Dios se despidió de ellos, poniendo el ejemplo de Jonathan y su escudero, el cual cuando vio que el pueblo estaba amedrentado y que el ejercito los tenía sometidos, se llenó de celo e invitó a su escudero a luchar contra el ejército, a pesar de la lógica duda del escudero, ante la cual, Jonathan le dijo que, a Dios le da lo mismo dar la victoria con muchos que con pocos.

En un razonamiento de valentía, les exhortó a no sentirse minimizados, sino orgullosos de esa fe en Dios, con la cual pueden salir a las calles a predicar y dar testimonio, y a no dejarse intimidar por aquellos que los subestimen, para que, de esa manera puedan ser testigos del poder de Dios. Les aseguró enseguida que en un tiempo no muy lejano volverá con ellos y se gozará al contemplar la bendición de Dios en la obediencia a su palabra y juntos, volverán a doblar las rodillas para darle la gloria a Dios y pagar sus votos.

Tras ese bello mensaje que lleno de valor a los presentes, el mensajero de Dios se despidió, acercándose aún más a todos y dándoles su bendición de manera personal ante la reacción eufórica de pequeños y grandes. Al subir al vehículo que lo conduciría a la próxima iglesia, dejó una estela de bendición que se convirtió en un avivamiento que los hermanos de El Pozón pudieron desahogar en oración, con toda la libertad que el gozo les permitió, por haber tenido al Enviado de Dios entre ellos.