Visita Apostólica a los hermanos de Candelaria

(Coordinación de Crónica Apostólica).– Luego de su visita a la Iglesia de Barrio del Rey, el Varón de Dios se dirigió hacia la iglesia de la Candelaria, donde arribó a las 6:18 de la tarde. El ministro Domingo Moreno y unas pequeñas, le recibieron en la entrada de un templo en Obra negra, que tienen escasos ocho meses de haber iniciado a construir. En esta ocasión además de su familia, se unieron a la comitiva los Pastores, Israel Tirado y Mizraím Medina.

“¡Qué alegría poder contemplar vuestros rostros!” fue su primera frase, en un pueblo que denotaba la correspondencia de la misma. Les dijo el Apóstol Naasón que, esperaba el momento de arribar a Colombia para pasar a saludarlos “mi corazón sentía la necesidad de saludar a todos ustedes…vine a ver su casita de oración, y me llena de alegría ver cómo Dios ha bendecido esta ciudad…yo sé que tú has creído en mi palabra…” –refirió.

Así mismo, les exhortó a continuar trabajando, enseñándoles que el cumplimiento de las promesas de Dios está tras el grano de arena que cada uno de los creyentes hace. Refirió también el ejemplo de Josué, a quién ante la gran encomienda de introducir al pueblo en la tierra prometida, Dios le ordeno ser esforzado y valiente como condición para permanecer con él en todo tiempo, explicó que, cuando los quisieron desanimar porque había gigantes en esa ciudad, ahí estaba Josué quien tenía la palabra de Dios “vayamos adelante”.

“Yo no estoy ante un pueblo cobarde –señaló el enviado de Dios. Hoy veo un pueblo valiente, decidido, que ha creído en su hermano Naasón, que ha creído en esa promesa: Si hoy ves a este pueblo grande, yo lo voy a multiplicar…”.

Posteriormente, dijo a todos los presentes que la razón por la que se encontraba en ese lugar era porque quería orar con ellos para pedirle a Dios que los bendiga para que pronto vuelva y a su regreso encuentre más obritas (misiones), que hayan salido de esta iglesia de Candelaria. Fue así como se entregaron en una hermosa oración que inundó los corazones igual o más ferviente que las demás iglesias, donde el gozo que se experimentaba se manifestó en un pentecostés.

Tras la oración, se despidió de ellos exhortándoles así: “La promesa de Dios no se da en la pereza, se da en el trabajo. Yo le he dicho a Dios: Señor, si esta iglesia me obedece, si al salir a las calles dan testimonio que aquí en la tierra hay una Iglesia tuya y que hay un Varón que la dirige, entonces tu llenarás este lugar, la multiplicarás y la engrandecerás y en el granito de arena que te corresponde, Dios dará abundante bendición”.

Así el Apóstol se despidió de los hermanos manifestando el deseo de volver muy pronto a contemplar el fruto de su trabajo.