Visita Apostólica a los hermanos de El Socorro

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El jueves 4 de octubre, el siguiente destino del Apóstol de Jesucristo fue la iglesia de El Socorro, que tras un largo recorrido obstruido principalmente por la congestión vial característica de esta ciudad capital, finalmente avizoraron la presencia del Hombre de Dios.

Pasaban las dos de la tarde cuando el Enviado de Dios llegó a esta iglesia donde el P.E. Jairo López lo recibió a nombre de todos los hermanos de ese lugar y la iglesia en concordancia entonó el himno intitulado: “Glorioso día” que en su coro refiere el propósito que el Apóstol ha venido manifestando en todo lugar que visita: “Bienvenido gran Ungido del Señor, su Elección abarca todo nuestro ser, y queremos expresarle con amor, lucharemos siempre firmes con usted”, entre tanto ondeaban palmas con sus manos en alto.

Tras el saludo, el Apóstol Naasón, henchido y contagiado de emoción espiritual por la letra del canto que entonaron los hermanos, expresó: “¿Estáis alegres?” –la respuesta era obvia y unánime “yo también estoy alegre, ¿estáis felices? Yo también estoy feliz” ante un jubilo desbordado en los creyentes.

Enseguida hizo referencia al himno que entonaron, donde expresa “lucharemos siempre firmes con usted” y hecho mano del ejemplo de aquellos doce espías enviados por el Hombre de Dios Josué, para reconocer la tierra de las promesas de Dios y como a pesar de haber constatado no solo la veracidad de las promesas de Dios, sino también su poder y sus múltiples manifestaciones a través de prodigios y milagros obrados desde su salida de Egipto hasta su arribo a la tierra prometida, continuaban dudando de la palabra de Dios y aún blasfemaban en contra de él.

Sin embargo, -continuó el Apóstol, “pero ahí había un hombre llamado Josué quien junto con Caleb comenzaron a hablar al pueblo y creyendo en las promesa de Dios empezaron a hablar: ´No, no tengamos temor, Jehová dijo que nos daría esta tierra y nosotros entraremos y tomaremos posesión de ella porque Jehová es con nosotros´”.

Retomó enseguida el Siervo de Dios la prosperidad que dio Dios a su pueblo durante la administración de su padre, el también Apóstol Samuel Joaquín; de quien la mayoría de los presentes podían atestiguar cómo Dios hizo muchas maravillas y bendijo grandemente a la iglesia de Colombia, porque Dios estaba con él, “Ahora el Señor que levantó a Samuel Joaquín, es el mismo que me ha levantado… vengo a recordarte que así como Aarón, así como Samuel las maravillas de Dios se seguirán viendo…” –exhortaba a los hermanos, ante una voz opacada por el fervor de los santos.

“Solo quiero pedirte que seas valiente, que sigamos adelante –y preguntó a todos: ¿De verdad lo cantaste de corazón?, ¿Lucharás con tu hermano Naasón?” el pueblo entregado avasallaba con exclamaciones de júbilo espiritual la fuerte voz del predicador y maestro, “entonces déjame doblar mis rodillas para decirle a Dios que él te bendiga, que te prospere, que cumpla en ti sus promesas…” Con esa motivación espiritual, el pueblo se entregó a la oración unánime con el Siervo de Dios.

Al término de la oración el Naasón Joaquín se despidió diciendo: “Lucharemos juntos hasta ver cumplida la promesa de Dios” y a los jóvenes recordó: “Allí los veo en Medellín”.